Los sustitutos
El Mensajero de Dios (s) fue desmentido por su pueblo, por su clan, por la gente de su ciudad y por los eruditos de judíos y cristianos. No creyeron en él los ancianos ni los jefes del pueblo. En cambio, creyeron en él y lo aceptaron los forasteros, la gente de la ciudad buena y bendita, Yazrib; creyeron en él…