رسول الله محمد صلى الله عليه واله عاش ٦٣ سنة
قضى منها ٤٠ سنة قبل دعوته الاسلامية الكبرى متعبدا على دين جده إبراهيم صلوات الله عليهم
٢٣ سنة المتبقية من عمره المبارك قضاها يدعوا الى الاسلام
١٣ سنة في مكة و ٧ سنين في المدينة مجموعها ٢٠ سنة من دعوته قضاها يدافع عن الاسلام والمسلمين…— Ahmed Alhasan – أحمد الحسن (@Ahmedalhasan313) August 22, 2025
El Mensajero de Dios Muhammad –que Dios lo bendiga y a su familia– vivió 63 años.
De estos, pasó 40 años antes de su gran convocatoria islámica adorando según la religión de su abuelo Abraham –las bendiciones de Dios sean con ellos.
Los 23 años restantes de su bendita vida los pasó convocando al islam.
13 años en La Meca y 7 años en Medina. En total 20 años de su convocatoria los pasó defendiendo el islam y a los musulmanes solamente para que la convocatoria islámica siguiera existiendo. El islam estaba prácticamente confinado a Medina, La Iluminada, y a los Qureish todo lo que les importaba era acabar con Muhammad y preservar la autoridad religiosa y el dominio que tenían en La Meca y La Kaaba.
Hasta que pudieron, en el apogeo de su arrogancia y tiranía, reunir a las tribus árabes para atacar Medina.
Solo quedaban tres años de su noble vida y él, su convocatoria y sus ansar estaban prácticamente confinados a los límites de Medina, pero Dios quiso apoyarlo en ellos y La Meca se conquistó en el año 8 de la Hégira. Luego vinieron las delegaciones de las tribus para jurarle lealtad y creer en su convocatoria en el año 9 de la Hégira. Él realizó la peregrinación en el año 10 de la Hégira y reunió a todos los musulmanes en Gadir Jum, antes de que ellos partieran hacia sus regiones, para transmitirles de parte de Dios una fórmula tan simple que hasta un niño puede entender, más simple que uno más uno es igual a dos: «De quien yo sea su señor, este Alí es su señor». Pero –y esta es la tradición de Dios–, hubo gente que quiso hacerla más complicada que la mecánica cuántica en la física e incomprensible, y la lealtad pasó a significar amor o apoyo, y así sucesivamente. ¡Pero eso no era lealtad divina al Mensajero de Dios!
Casi dos meses después, durante el mes de Sáfar del año 11 de la Hégira, el Mensajero de Dios (s) enfermó y reunió a los musulmanes otra vez, pero esta vez para escribir su testamento. Entonces Omar hijo de Jattab gritó que el Mensajero de Dios estaba delirando, es decir, que hablaba sin sentido y que no sabía lo que decía, y lo apoyaron un grupo de los Qureish, aquellos que un año o dos antes luchaban contra Muhammad (s). Entonces el Mensajero de Dios (s) les pidió que salieran, después de que se había perdido el propósito de la reunión. Y quiso Dios conceder al Mensajero de Dios un tiempo más después de esa reunión del jueves –como se la conoce, “la calamidad del jueves”–, hasta que su testamento fuera escrito para Alí. Y Alí hijo de Abu Táleb lo heredó junto con su progenie y sus shiíes, y ellos lo protegieron, lo preservaron y lo transmitieron generación tras generación hasta llegar a nosotros.
Oh, Mensajero de Dios, hemos tomado por cierto y hemos creído en lo que has traído, hemos creído en tu testamento.
Hemos conocido y hemos entendido este mundo temporal y el más allá a través de tu historia, que es definitiva y certeramente la más grandiosa de las historias de los profetas.
Qué mundo este que no te aceptó sino cuando ya se te había permitido partir.
Qué mundo este que cuando te aceptó, ya partías de él.
Qué lección y qué final.
Si en tu historia solo estuviera su final, sería suficiente evidencia de que has sido el ser humano más puro e inmaculado que ha pisado esta tierra.