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¡Oh Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, fortifica las fronteras de los musulmanes con Tu poder inexpugnable, respalda a sus defensores con Tu fuerza, y colma sus dones de Tu abundancia.

¡Oh Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, multiplica sus efectivos, afila sus armas, guarda su territorio, protege su perímetro, une sus filas, dirige sus asuntos, haz que sus provisiones lleguen sin interrupción, hazte cargo Tú solo de cubrir sus necesidades, refuérzalos con la victoria, ayúdalos con la paciencia, y obra en su favor con Tu maquinación sutil.

¡Oh Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, hazles conocer lo que ignoran, enséñales lo que no saben, y dales perspicacia sobre lo que no observan. ¡Oh Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, y cuando se enfrenten al enemigo, hazles olvidar el recuerdo de su mundo temporal engañoso e ilusorio, borra de sus corazones las sugestiones del dinero tentador, pon el paraíso ante sus ojos, y destéllales desde él lo que has preparado en él: moradas de eternidad, mansiones de honor, hermosas huríes, ríos que fluyen continuamente con toda suerte de bebidas, y árboles que se inclinan cargados de toda clase de frutos –hasta que ninguno de ellos anhele retroceder ni se diga a sí mismo que huirá de su adversario.

¡Oh Dios! Con todo ello quebranta a su enemigo, córtales las garras, sepáralos de sus armas, arranca las lazos de sus corazones, aleja de ellos sus provisiones, desoriéntalos en sus caminos, extravíalos de su rumbo, córtales los refuerzos, merma sus filas, llena sus corazones de terror, paraliza sus manos impidiéndoles atacar, ata sus lenguas para que no hablen, siembra con ellos el espanto entre los que los siguen, escarmienta a través de ellos a quienes están detrás, y con su humillación corta las esperanzas de cuantos vengan después.

¡Oh Dios! Esteriliza las entrañas de sus mujeres, seca los lomos de sus hombres, corta la descendencia de sus bestias y su ganado, no permitas que su cielo derrame lluvia ni que su tierra produzca vegetal alguno.

¡Oh Dios! Con todo eso fortalece el poder del pueblo del Islam, fortifica sus tierras, haz prosperar sus bienes, y libéralos de la lucha contra ellos para que puedan consagrarse a Tu adoración y al retiro contigo –hasta que en ningún rincón de la tierra sea adorado nadie excepto Tú, y ninguna frente sea humillada ante nadie que no seas Tú.

¡Oh Dios! Lanza desde cada región a los musulmanes contra los politeístas que les hacen frente, refuérzalos con ángeles de Tu parte que acudan en sucesión, hasta que los persigan hasta los confines de la tierra, matándolos en Tu tierra y haciéndolos prisioneros –o hasta que reconozcan que Tú eres Dios, que no hay divinidad sino Tú, Único, sin asociado.

¡Oh Dios! Extiende eso a todos Tus enemigos en los confines de las tierras, de entre las naciones del politeísmo –aquellos cuyos nombres y atributos están ocultos, pero Tú los tienes contados en Tu conocimiento y los tienes bajo Tu poder.

¡Oh Dios! Ocupa a los politeístas con los politeístas, alejándolos de arremeter contra los flancos de los musulmanes; golpéalos con la mengua para que no puedan menoscabarlos; frénales con la discordia para que no se concentren contra ellos.

¡Oh Dios! Vacía sus corazones de toda seguridad, vacía sus cuerpos de toda fuerza, turba sus mentes y apártalas de cualquier ardid, debilita sus pilares para que no puedan enfrentarse a los hombres, amedréntalos ante el combate con los valientes, y envía contra ellos un ejército de Tus ángeles con un poder de Tu poder –como hiciste el día de Badr– que les corte la raíz, siegue su fuerza y disperse sus filas.

¡Oh Dios! Mezcla sus aguas con la pestilencia, contamina sus alimentos con enfermedades, golpea sus tierras con eclipse y hundimiento, azótalas sin cesar con calamidades, asólalas con la sequía, pon sus provisiones en la tierra más árida y más lejana de ellos, y niégales el acceso a sus fortalezas. Castígalos con el hambre persistente y la enfermedad dolorosa.

¡Oh Dios! Y todo aquel que haga campaña contra ellos de entre el pueblo de Tu religión, o todo combatiente que luche contra ellos de entre los seguidores de Tu tradición –para que Tu religión sea la más elevada, Tu partido el más fuerte y Tu porción la más completa–, concédele la facilidad, dispón para él el asunto, hazte cargo de su éxito, elige para él buenos compañeros, fortifícale la retaguardia, colma para él los gastos, otórgale el vigor, apaga en él el ardor del ansia, resguárdalo de la angustia de la soledad, hazle olvidar el recuerdo de su familia e hijos. Arraiga en él la pureza de intención, hazte cargo de su bienestar, acompáñalo con la salvaguarda, líbralo de la cobardía, inspírale el arrojo, otórgale la fortaleza, refuérzalo con la victoria, enséñale las gestas y las tradiciones, guíalo con rectitud en el juicio, aparta de él la ostentación, y purifícalo del afán de notoriedad. Haz que su pensamiento, su recuerdo, su partir y su morar sean en Ti y para Ti. Y cuando se enfrente en formación a Tu enemigo y al suyo, hazlos pequeños ante sus ojos, empequeñece su importancia en su corazón, dale la victoria sobre ellos y no les des victoria sobre él. Y si le sellas con la felicidad y le decretas el martirio, que sea después de haber arrasado a Tu enemigo con la espada, y después de haberlos agotado con el cautiverio, y después de que los flancos de los musulmanes estén a salvo, y después de que Tu enemigo haya vuelto la espalda huyendo.

¡Oh Dios! Y todo musulmán que se haya quedado atrás como sustituto de un combatiente o de un guardián de frontera en su hogar, o que haya cuidado de sus dependientes en su ausencia, o que le haya auxiliado con una parte de sus bienes, o le haya provisto de pertrechos, o le haya estimulado al combate, o le haya acompañado en su camino con una súplica, o haya guardado en su nombre un derecho sagrado —recompénsale con una recompensa igual a la suya, peso por peso y equivalente por equivalente, y compénsale por su acción con una recompensa inmediata en la que se adelante el beneficio de lo que ofreció y la alegría de lo que hizo –hasta que el tiempo le conduzca a lo que has dispuesto para él de Tu gracia y has preparado para él de Tu honor.

¡Oh Dios! Y todo musulmán al que haya afligido el asunto del Islam, y a quien haya entristecido la coalición de los politeístas contra ellos, y que haya intentado hacer campaña o se haya propuesto el combate pero lo haya retenido la debilidad, o lo haya retrasado la indigencia, o lo haya aplazado un contratiempo, o se le haya interpuesto un impedimento contra su voluntad –inscribe su nombre entre los adoradores, hazle merecer la recompensa de los combatientes, e inclúyele en el rango de los mártires y los justos.

¡Oh Dios! Bendice a Muhammad, Tu siervo y Tu enviado, y a la familia de Muhammad, una bendición elevada sobre todas las bendiciones, excelsa sobre todos los saludos –una bendición cuyo plazo no tenga fin ni cuyo número se agote–, como la más perfecta de las bendiciones que hayas otorgado a cualquiera de Tus protegidos. Ciertamente Tú eres el Generoso, el Alabado, el Originador, el Restaurador, el que hace cuanto quiere.