• Categoría de la entrada:El yermo o el camino a Dios
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Los taguts que gobiernan hoy los países islámicos intentan difundir entre los musulmanes, en general, la idea de separar la religión de la política, enarbolando el lema: «la religión para la religión y la política para la política». Estos ignorantes no han inventado esta idea, sino que la han importado del Occidente materialista. Y esta idea materialista no se habría extendido en Occidente entre cristianos y judíos de no ser porque el Evangelio y la Torá han sido adulterados, y de no ser por la codicia con que los monjes y sacerdotes de aquella época se aferraron a la Vida Mundanal y a los cargos.

Se trata de una falacia que no puede engañar a ningún musulmán mínimamente familiarizado con la religión islámica, aunque sea de forma general. La religión islámica ha abordado cada detalle, grande o pequeño, de la vida de las personas, de la misma manera que ha abordado los actos de culto. No existe transacción económica ni social que la jurisprudencia islámica no haya tratado, como tampoco ha dejado de ocuparse de los asuntos militares, las cuestiones del yihad, el trato con los no musulmanes, los pactos, los contratos y la paz. ¿Y qué es la política sino el conjunto de todos estos asuntos? Pero los taguts no se conforman con esto; para ellos, la política son las artimañas y el engaño que practican para someter a los pueblos islámicos: una política contra los pueblos, frente a la política que Dios quiere en beneficio de los pueblos. Quien desee apartarse de la política que Dios ha establecido en el islam, se adentra en las tinieblas de la era de la ignorancia.

Dijo el Enaltecido: {¿Es pues el juicio de la Ignorancia lo que procuran? ¿Y quién es mejor que Dios en juicio para un pueblo que tiene certeza?}.[1]

Dijo el Enaltecido: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, pues aquellos son los infieles}.[2]

Dijo el Enaltecido: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, pues aquellos son los injustos}.[3]

Y dijo el Enaltecido: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, aquellos son los perversos}.[4]

La política está íntimamente ligada al gobierno y al gobernante. La política del tirano consiste en las artimañas y el engaño, en perjudicar al pueblo, en cercarlo cultural, intelectual y económicamente, y en extender la corrupción y la injusticia entre los siervos.

En cuanto a la política del Profeta (s), del infalible o de quienes los representan, consiste en extender la misericordia entre las personas, en la adoración de Dios, en impulsar a las personas hacia la razón y la reflexión, en difundir la justicia y la equidad en la sociedad, y en garantizar el sustento del pueblo y su bienestar económico.

El objetivo del tirano es él mismo y su permanencia en el poder, mientras que el objetivo del Profeta (s) son las personas: sacarlas de las tinieblas hacia la luz y difundir la justicia entre ellas.

Siendo así, ¿es acaso razonable que Dios –Glorificado y Enaltecido– abandone a los musulmanes tras el Mensajero de Dios (s) sin designarles líderes infalibles que preserven la religión y difundan la justicia entre las personas? ¿Cómo podría ser, si Él es el Sabio, el Conocedor, que no dejó ni a la pequeña familia sin un guía, y estableció en el Corán que los hombres son los responsables de las mujeres?

¿Es razonable que Dios –Glorificado y Enaltecido– haya dejado a la nación islámica sin un líder designado, permitiendo que el asunto recayera en los enemigos de Dios, como Yasid hijo de Muawiya, que mató a Husein (a), profanó Medina y atacó la Casa de Dios con catapultas?

Por otro lado, cualquier persona que posea un pequeño barco con un grupo de trabajadores a bordo, ¿los dejaría sin designar un capitán? Y si los dejara sin capitán y el barco naufragara, ¿no calificaríamos a esa persona de ignorante e imprudente? ¿Cómo podemos entonces aceptar que Dios –Glorificado y Enaltecido– haya dejado Su nave –repleta de Sus siervos, surcando el espacio– sin un capitán?

Una guerra nuclear entre estos siervos hoy bastaría para hundir esta nave y reducirla a pedazos dispersos por el espacio. ¿Es acaso sabio dejar a los habitantes de esta nave sin norma ni ley divinas, y sin un líder justo e infalible que ejecute esa ley? ¡Lejos está Dios –Glorificado, Enaltecido, Sabio, Justo, Rey y Santísimo– de semejante cosa!

Y nosotros, como musulmanes, coincidimos en que la ley y la norma en estos tiempos es la religión islámica, sello de las religiones. Dios –Glorificado y Enaltecido– ha designado líderes justos, puros e infalibles para conducir los asuntos del mundo y de la religión con equidad y justicia. Sin embargo, los taguts usurparon su derecho y se apoderaron del timón del liderazgo por la fuerza bruta, mientras que las personas abandonaron a los líderes puros y no los auxiliaron, perdiendo así su propia fortuna y provocaron la ira de su Señor.

Los musulmanes han coincidido en que su número es doce, tal como consta en el reiterado hadiz profético auténtico,[5] y afirmamos que el primero de ellos es Alí (a) y el último es el Mahdi (a). El hadiz de los sucesores –«tras de mí habrá doce»– solo se cumple con ellos. Cada uno de ellos reclamó el Imamato y la dirección religiosa y mundana de la nación, y designó expresamente a su sucesor, así como el Profeta, (s) los designó a ellos por sus nombres.

Los contemporáneos de cada época coincidieron en que eran los más perfectos y los más sabios de su tiempo, y no se transmite de ninguno de ellos que haya buscado el conocimiento de ninguna persona, pues su ciencia proviene directamente de la inspiración de Dios. Son la descendencia de Muhammad (s) y de la descendencia de Abraham (s), cuyo Imamato el Corán establece expresamente prometiendo el Infierno a quien descreyera en ellos. Dijo el Enaltecido:

{¿O es que envidian a los hombres por lo que les ha otorgado Dios de Su favor? Pues ya hemos otorgado a la familia de Abraham el libro, y la sabiduría, y les hemos otorgado un dominio inmenso * Y entre ellos está quien ha creído en él, y entre ellos está quien se ha apartado de él. Y basta el Infierno abrazador}.[6]

Los musulmanes han coincidido en el Imamato del último de ellos, que es el Mahdi (a), y en que quien lo niega es como quien niega al Mensajero de Dios. Los hadices transmitidos sobre él se cuentan por centenares. Y lamentablemente, muchos de quienes se llaman a sí mismos musulmanes lo rechazarán cuando se produzca su bendita aparición, y se pondrán del lado del Sufiani, líder del extravío que proclama el islam y la defensa de los musulmanes. Dijo el Enaltecido:

{¿Has visto pues, a quien ha tomado como su divinidad a su pasión, y que lo ha extraviado Dios con ciencia, y ha sellado su oído y su corazón, y ha puesto sobre su vista un velo? ¿Quién, pues, lo guía después de Dios? ¿Es, pues, que no recordáis?}.[7]

Y aunque lo reconocerán por los signos y los milagros, los interpretarán de otro modo: el hundimiento del ejército del Sufiani lo atribuirán a un fenómeno natural, del mismo modo que sus predecesores atribuyeron la muerte del ejército de Ábraha, el abisinio, a una epidemia y no a un castigo divino.

Las evidencias del Imamato del primero de los imames, Alí (a), son innumerables. Entre ellas, las palabras del Profeta (s): «El justo entre vosotros es Alí (a)»,[8] «Saludadle como “Comandante de los Creyentes”»,[9] «Tú eres el Sucesor después de mí»,[10] «Tú eres el Patrono de todo creyente después de mí»,[11] «Tú eres para mí como Aarón lo fue para Moisés»,[12] y Aarón fue el Sucesor de Moisés en vida de este.

Y su alma es como el alma del Profeta en el Corán, en la aleya de la imprecación (mubáhala).[13] Dijo el Enaltecido:

{Así pues, a quien te argumente sobre ello después de lo que te ha llegado de la ciencia, pues di: «Venid, llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos, y a nuestras mujeres y a vuestras mujeres, y a nuestras almas y a vuestras almas. Luego imprequemos y pongamos la maldición de Dios sobre los mentirosos»}.[14]

Los exégetas han coincidido unánimemente en que el Profeta llevó consigo a Alí, a Fátima y a los dos Hasanes.[15] Fátima representa a las mujeres; pues ella es la Señora de las mujeres, de los primeros y los últimos tiempos. El Enaltecido dijo sobre Abraham que él era una nación, siendo él una sola persona.[16] Los dos Hasanes son los hijos, y sobre esto no hay desacuerdo. Y Alí es la propia persona del Profeta (s).[17]

Pretender que “alma” en la aleya se refiera al alma del Profeta (s) es seguir el deseo y vaciar de sentido la palabra de Dios –¡lejos está Dios de lo absurdo!– pues no tiene sentido que una persona se convoque a sí misma estando presente.

Y dijo el Enaltecido: {Sólo vuestro patrono es Dios, y su mensajero, y los que han creído, los que establecen el azalá, y entregan el azaque mientras están inclinados}.[18]

La mayoría de los exegetas coinciden en que esto descendió por Alí (a) cuando dio su anillo en caridad estando inclinado.[19] El plural incluye a sus once descendientes posteriores. Así que él (a) y sus once descendientes (a) –descendientes del Profeta por parte de Fátima (a)– son los que tienen más derecho de ejercer autoridad sobre los creyentes tras el Mensajero de Dios (s), pues su autoridad deriva de la del Mensajero de Dios (s), y su autoridad de la autoridad divina.

Al estar asociada en esta aleya a la autoridad de Dios, no puede interpretarse sino como autoridad de gobierno, gestión y dirección de los asuntos religiosos y mundanos. Dijo el Enaltecido:

{Oh, vosotros que habéis creído, obedeced a Dios y obedeced al Mensajero, y a aquellos de autoridad entre vosotros}.[20]

“Aquellos de autoridad” son los doce Imames infalibles (a) después del Profeta (s). Si fueran otros, se estaría ordenando una obediencia a quien puede desobedecer o errar; y se trata de una obediencia absoluta porque va unida a la obediencia a Dios –Glorificado sea. Y esto sería incorrecto; porque implicaría que Dios nos habría ordenado obedecer a Sus enemigos, o al menos implicaría desobedecer a Dios y ¡que Dios nos libre de tal cosa!

Así queda claro que aquellos a los que se ha ordenado obedecer después del Profeta (s) son Alí y sus descendientes infalibles (a). Su infalibilidad está confirmada en el Corán. Dijo el Enaltecido:

{Dios sólo quiere apartar de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros plenamente}.[21]

El Profeta (s) aclaró que se trata de Alí, Fátima, Hasan y Husein (a), como se menciona en las exégesis de muchos exégetas.[22]

Y dijo el Profeta (s) en Gadir Jum, en la Peregrinación de la Despedida al mediodía: «Oh gentes, ¿acaso no tengo más derecho sobre vosotros que vosotros mismos?» Dijeron: «¡Sí, Mensajero de Dios!» Dijo: «De quien yo sea su señor, Alí es su señor. Oh Dios, sé amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, apoya a quien lo apoye y abandona a quien lo abandone, y haz morar la verdad donde él esté».[23]

En este hadiz, el Profeta (s) afirmó la autoridad de Alí hijo de Abu Táleb (a). Y el Profeta (s) tiene más derecho sobre los creyentes que ellos mismos. Este hadiz es transmitido de forma recurrente del Profeta (s), y sus fuentes se cuentan por decenas en los libros de los musulmanes. En ellos se recoge que el Mensajero (s) pidió a los musulmanes que prestaran juramento de lealtad a Alí hijo de Abu Táleb (a) tras su sermón en la Peregrinación de la Despedida, en Gadir Jum. Y Abu Bakr y Omar le prestaron juramento y lo saludaron como “Comandante de los Creyentes”.[24] Y seremos preguntados, y ellos serán preguntados, el día en que ni la riqueza ni los hijos beneficiarán, salvo a quien acuda a Dios con un corazón íntegro.

En cuanto a los imames de la descendencia de Alí (a), el Profeta (s) los designó expresamente, como se ha transmitido de Ÿábir Bin Abdulá Al-Ansarí (r), quien dijo: cuando Dios Enaltecido dijo:

{Oh, vosotros que habéis creído, obedeced a Dios y obedeced al Mensajero, y a aquellos de autoridad entre vosotros. Y si discrepáis sobre algo, devolvedlo a Dios y al mensajero, si es que creéis en Dios y en el Día Último. Eso es mejor y más bella interpretación}.[25]

Dijo: «“Dije: ¡oh, Mensajero de Dios (s)!  A Dios lo hemos reconocido y le obedecimos, y a ti te hemos reconocido y te obedecimos. ¿Quiénes son, entonces, los de autoridad a los que Dios nos ha ordenado obedecer? …” Dijo: “Son mis sucesores, oh Ÿábir, y los que detentan la autoridad después de mí. El primero de ellos es mi hermano Alí, (a), luego su hijo Hasan (a). Luego Husein (a), luego Alí, el hijo de Husein, con ambos sea la paz. Luego Muhammad, el hijo de Alí, con ambos sea la paz –y tú llegarás a su tiempo, oh Ÿábir, y cuando le veas, salúdale de parte mía–. Luego Ÿáfar, el hijo de Muhammad, con ambos sea la paz. Luego Musa, el hijo de Ÿáfar, con ambos sea la paz. Luego Alí, el hijo de Musa ‘Ar-Reda’, con ambos sea la paz. Luego Muhammad, el hijo de Alí, con ambos sea la paz. Luego Alí, el hijo de Muhammad, con ambos sea la paz. Luego Hasan, el hijo de Alí, con ambos sea la paz. Luego Muhammad, el hijo de Hasan, con ambos sea la paz. Él llenará la tierra de equidad y justicia, como antes fue llenada de injusticia y opresión”».[26]

Y dijo (s) a Husein (a): «Éste hijo mío, Husein, es un Imam, hijo de un Imam, hermano de un Imam y padre de nueve Imames, siendo el noveno de ellos, el Qaim,[27] el mejor de ellos».[28]

La sura del Decreto es evidencia de su Imamato, y de que el mandato desciende con los ángeles y el Espíritu sobre ellos en la Noche del Decreto tras la partida del Mensajero de Dios (s); pues, de no ser así, se habría dicho que dicha noche terminó con él, lo cual es falso, ya que se ha transmitido que permanece tras él (s) y que se encuentra en las últimas diez noches de Ramadán.[29]

Las evidencias del Imamato de Alí y de su descendencia –los doce infalibles (a) tras el Profeta (s)– son muchas. Lo que se ha mencionado es solo una parte mínima, y pido disculpas ante Dios, Su Mensajero, con los Imames (a) y los creyentes por cualquier insuficiencia. No queda, pues, excusa para quien se desvió de ellos y siguió a quienes usurparon su derecho, sabiendo que la autoridad les pertenecía a ellos y que el usurpador no tenía parte alguna en ella. El Comandante de los Creyentes (a) dijo: «¡Por Dios! Fulano (se refiere a Abu Bakr) ya se había investido con él [el califato], sabiendo bien que mi posición en él era como la posición del pivote en la muela. De mi desciende el torrente, y el ave no alcanza mi altura. Corrí un velo sobre ello y me replegué renunciando a él, e inmediatamente empecé a pensar entre abalanzarme con una mano lacerada o ser paciente en una oscuridad ciega donde el mayor envejece, el pequeño encanece y el creyente se desgarra hasta encontrarse con su Señor. Como vi que la paciencia en esto era lo más apropiado, fui paciente. En el ojo tuve una molestia y en la garganta angustia al ver mi herencia saqueada, hasta que el primero siguió su camino y lo entregó a otro fulano (es decir, Omar Bin Al-Jattab). Luego se cumplió lo que dijo Al-Ashá:

¡Qué gran diferencia hay entre mi día sobre su fragua… y el día de Hayán, el hermano de Ÿábir![30]

Así que, ¡oh!, me pregunto cómo es que renunció a esto en su vida (pues Abu Bakr había dicho en el púlpito: “Despedidme, que no soy el mejor de vosotros y Alí está entre vosotros”) garantizando [el califato] a otro después de su muerte tensando la división entre ambos. Esto puso al califato en posesión de una plebe de groseras palabras y áspero trato, donde se multiplicaban tropiezos y excusas, pues su dueño era como el jinete de una camella salvaje. Si tiraba con fuerza de las bridas le perforaba la nariz y si era dócil con ella se precipitaba al vacío. Juro por Dios, que los hombres andaban a tientas, dispersos (es decir, salieron de la senda recta de Dios; porque Omar empezó a permitir y a prohibir cuestiones según su deseo. Prohibió el matrimonio temporal de las mujeres y la peregrinación, quitó el “acudid a la mejor de las acciones” del llamado al azalá y tropezó aleatoriamente en las herencias), inestables y desviados. Así que fui paciente con la larga duración de este período y la severidad de la prueba. Aunque aún, cuando siguió su camino [cuando murió], dejó el califato entre la gente de la cual él afirmaba que yo era uno de ellos. ¡Ay, por Dios, por aquella consulta! ¿Cuándo hubo alguna duda sobre mí con respecto al primero de ellos (refiriéndose a Abu Bakr) que he empezado a ser considerado semejante a estos (despreciando la condición de ellos)? No obstante, me he rebajado cuando ellos se rebajaban y he volado cuando ellos volaban. Uno de ellos se volvió hostil contra mí por odio (Saad Bin Abu Waqas), otro se inclinó por su alianza matrimonial (es decir, Abdurrahmán Bin Auf) con ésta y aquella (señalando la vileza del pueblo), y el tercero de ellos se levantó con el pecho inflado de orgullo entre su estiércol y su forraje (señalando a Ozmán y retratándolo como a una bestia interesada solamente en el heno y el estiércol). Y con él se levantaron los hijos de su padre (es decir, los hijos de Umaya –Dios los maldiga– que en el Corán son el árbol maldito) devorando la riqueza de Dios como los camellos que devoran las hierbas de primavera. Hasta que su cuerda se rompió, sus obras se declararon contra él y su gula lo derribó (es decir, que su gula por las riquezas usurpadas de Dios lo mató de lleno). Así que nada me sorprendió, excepto la gente que como una ola de hienas se amontonó alrededor mío desde todos lados hasta atropellar a Hasan y a Husein, y desgarrar mi hombrera. Se reunieron alrededor mío como un rebaño de ovejas. Y cuando me alcé con el mandato una facción se separó, otra desobedeció y otros obraron injustamente como si no hubieran escuchado las palabras de Dios cuando dijo:

{Esa es la morada de la Última Vida que hemos puesto para los que no quieren ser altaneros en la Tierra ni corrupción. Y el desenlace es para los piadosos}.[31]

Por supuesto. Juro por Dios que las habían escuchado y las conocían muy bien, pero a sus ojos la Vida Mundanal era más dulce y su decoración los deslumbró. Juro por aquél que ha hendido el grano e iniciado el soplo vital, que, si no hubiera sido por la presencia de los que vinieron, por el apoyo a las pruebas en presencia de un partidario y porque Dios había aceptado que los eruditos no consientan la gula de un opresor ni el hambre de un oprimido, hubiera arrojado su cuerda [del califato] sobre sus hombros y hubiera dado de beber al último de ellos con la copa del primero. Entonces encontraríais que vuestra Vida Mundanal a la cual renuncio es para mí menos que la escupida de una cabra».[32]

Y él (a) dijo: «Oh gentes, escuchad lo que digo y razonadlo de mí, pues la separación está cerca. Soy el Imam de la creación y el albacea de la mejor criatura. El esposo de la Señora de las mujeres de la nación y el padre del linaje puro y de los Imames de la guía. Soy el hermano del Mensajero de Dios (s), su albacea, su patrono, su ministro, su compañero, su escogido, su amado y su amigo. Soy el Comandante de los Creyentes, líder de los singulares y Sayed de los albaceas. Mi guerra es la guerra de Dios y mi paz es la paz de Dios. La obediencia a mí es la obediencia a Dios y mi tutela es la tutela de Dios. Y mis shiíes son patronos de Dios y mis ansar son los ansar de Dios. Juro por Dios, por aquél que me ha creado de la nada, que los preservadores entre los compañeros de Muhammad (s) ya sabían que los traidores, los impíos y los apóstatas habían sido maldecidos por la lengua del profeta iletrado, y que el que inventa infundios ya ha sido condenado».[33]

Cuando el califato llegó al Comandante de los Creyentes, Alí (a) intentó conducir a los musulmanes hacia Dios, sacarlos de las tinieblas a la luz y propagar la justicia después de que la injusticia se había propagado a manos de los gobernantes de Ozmán. Pero ¿cómo habría de lograrlo, si la gente era esclava de la Vida Mundanal y la religión no era más que saliva sobre sus lenguas, salvo unos pocos que cumplieron la alianza con Dios? Qué difícil era eso para él, cuando el poder fue asaltado por el hijo de Abu Sufián, líder de los infieles, hijo de Hind, la que devoró el hígado de Hamza, el Sayed de los Mártires. Y ocurrió lo que ocurrió de su combate (a) contra los que rompieron el juramento, los injustos y los rebeldes –Dios los maldiga a todos–, algo que no se oculta a nadie. Así, él (a) dejó claro su derecho y guio a la gente a la senda recta de Dios, para que no tuvieran excusa alguna en desviarse de los Imames. Pero la gente los abandonó y no los socorrió: Muawiya (maldígalo Dios) asesinó a Hasan (a) y Yasid (maldígalo Dios) asesinó a Husein (a). A Husein (a) no lo apoyaron sino setenta, y poco más. Y él era el quinto de los del manto, el señor de los jóvenes del Paraíso, el último nieto del Profeta que quedaba sobre la faz de la tierra, y el tercero de los albaceas del Mensajero de Dios (s). Y basta con que sepas a qué grado de sometimiento y entrega al tagut habían llegado los musulmanes en tiempos de Husein (a), hasta el punto de que aquello lo llevó a sacrificar a la descendencia del Mensajero de Dios (s) y a sí mismo –su santa persona– para alertar a los musulmanes de que se habían apartado de la religión y habían salido de la tutela de Dios hacia la tutela del tagut y al demonio, sometiéndose a Yasid y a quienes eran como él –que Dios los maldiga.

Así continuaron los albaceas del Mensajero de Dios (s) después de Husein (a) el camino en la lucha por la causa de Dios invitando a los hombres a regresar a la religión islámica original que trajo Muhammad (s), no la que querían los taguts que se impusieron sobre esta nación. Y la sangre de Husein (a) tuvo un efecto enorme en el retorno de muchos musulmanes a la tutela de Dios Glorificado sea. Desde entonces comenzó a formarse una base islámica popular dirigida por la familia de Muhammad (a), que representaba el Islam verdadero, el genuinamente muhammadiano. Ellos (a) continuaron llamando a Dios, y los taguts continuaron llamando al demonio, y hallaron quien los auxiliara entre aquellos que buscaron la Vida Mundanal por medio de la religión.

Los albaceas del Profeta (s) sufrieron al extremo los perjuicios y sus seguidores fueron asesinados. Los taguts de esta nación actuaron con ellos como el Faraón actuó con los creyentes de los hijos de Israel: se cortaron manos y pies, y los creyentes fueron crucificados en troncos de palmera. Pero la verdad tiene gente que la sostiene, y cuanto más se ensañaban con los creyentes, más se multiplicaba la gente que se adhería, por miles.

Cuando el Imamato llegó al sello de los albaceas de la familia de Muhammad (s), Dios quiso preservarlo y lo ocultó de los ojos de los taguts para que no lo mataran como mataron a sus padres (a). Durante un período de más de setenta años condujo a la nación islámica a través de personas escogidas entre los creyentes sinceros, que se comunicaban con él directamente, le transmitían los escritos de los musulmanes y llevaban a la gente sus respuestas, sus orientaciones y sus directrices (a).

Cuando ese período concluyó, Dios quiso que entrara en una ocultación prolongada hasta que Dios le permita alzarse, cuando se prepare una generación de esta nación para apoyarlo y apoyar la religión de Dios, para que esta prevalezca sobre toda religión. Se han transmitido de él y de sus padres (a) narraciones de las que se deduce que la dirección de la comunidad islámica, en lo religioso y en lo mundano, corresponde a los transmisores de sus enseñanzas.

Algunos interpretaron a los transmisores de las enseñanzas como los juristas justos en el tiempo de su ocultación, esto en el caso de que no exista un representante particular suyo (a) enviado por él y que transmita sus órdenes a los creyentes.

Pero si él (a) envía a un mensajero de su parte, entonces es obligatorio obedecerlo incluso para los juristas; más aún, es obligatorio auxiliarlo. Y si lo abandonan o desobedecen sus órdenes, entonces quedan fuera de la tutela de la Gente de la Casa (a). No es obligatorio obedecerlos, sino que es obligatorio contrariarlos y obedecer al mensajero enviado por el Imam (a).

En el libro Dajira As-Salihin del jeque Abdulkarim Zanÿani (que Dios tenga misericordia), págs. 7, 8 y 9, se dice: «En cuanto a la tutela del jurisconsulto que reúne las condiciones para emitir dictámenes, ésta es una rama derivada de la tutela del Imam (a), derivada a su vez de la tutela del Profeta (s), la cual deriva de la tutela divina y de la autoridad señorial divina».

La explicación es la siguiente: es evidente y obvio que la autoridad del Creador Majestuoso reside en la capacidad que tiene sobre sus criaturas, que es el tipo más sublime de autoridad y el grado más fuerte de tutela. De esta tutela divina y de esta autoridad señorial deriva la autoridad del Profeta (s), y esto es a lo que se refieren las palabras del Enaltecido: {El profeta tiene más derecho sobre los creyentes que ellos mismos}.[34] Luego de esta autoridad profética se deriva la autoridad del Imam (a), como lo indicó el Mensajero de Dios (s) en el hadiz de Gadir, narrado reiteradamente de modo auténtico en libros de los dos grupos. Pues el Mensajero de Dios (s) preparó el terreno para la autoridad del Imam con sus palabras: «¿No tengo más derecho sobre vosotros que vosotros mismos?» Dijeron: «Sí». Dijo: «De quien yo sea su señor, Alí es su señor»,[35] etc.… para que este preámbulo fuese una evidencia concluyente de que él (s) quiso con la palabra maulá [señor] el significado de quien tiene mayor derecho a disponer, y para dejar claro que la autoridad del Imam (a) es una rama de la autoridad del Profeta (s) y un rango derivado de ella.

Esto se sostiene por lo dicho en los numerosos hadices que afirman que el Imam es la prueba de Dios sobre la gente, y que posee una autoridad absoluta sobre el rebaño por parte de Dios Enaltecido. Esta autoridad constituye el fundamento de la doctrina y el pilar sobre el que fue construida.

Y entre las ramas de la autoridad del Imam (a) se encuentra la autoridad del jurista que reúne las condiciones de jurisconsulto, resumidas en la exégesis atribuida al Imam Al-Áskari (a) con estas palabras: «Y en cuanto a aquel de los juristas que se preserva a sí mismo, protege su religión, se opone a sus deseos y obedece la orden de su Señor, a la gente común le corresponde seguirlo».[36]

El Imam (a) aclaró la verdadera realidad de oponerse al deseo en el hadiz que transmitió At-Tabarsí en su libro Al-Ihtiÿaÿ, con su cadena de transmisión, del octavo Imam, Ar-Reda (a), que dijo: «Alí hijo de Husein (con ambos sea la paz) dijo: “Si veis a un hombre de buen proceder, bien guiado, prudente en su discurso y humilde en sus acciones, deteneos y no dejéis que os seduzca. Pues ¡cuántos hay a quienes les resulta imposible alcanzar la Vida Mundanal o cometer actos prohibidos únicamente por la debilidad de su naturaleza, la vileza de su carácter y la cobardía de su corazón! Entonces erige la religión como un cepo para ella, sin dejar de engañar a la gente con su apariencia; pero, si logra acceder a algo prohibido, se lanza sobre ello. Y si veis que se abstiene de la riqueza ilícita, deteneos y no os dejéis seducir, pues los deseos de las criaturas son diversos. ¡Cuántos hay que se apartan de la riqueza ilícita, aunque sea abundante, pero se allegan a una mujer abominable y cometen con ella una acción prohibida! Y si veis que desiste también de eso, no os dejéis seducir hasta que observéis el nudo de su intelecto. Pues ¡cuántos abandonan todo eso sin poseer un intelecto sólido! Lo que corrompe por su ignorancia es mayor que lo que corrige por su intelecto y su esfuerzo. Y si veis que posee un intelecto firme, deteneos aún, y no os dejéis seducir hasta observar si su intelecto sigue a su deseo o si su deseo sigue a su intelecto, y cómo es su amor por las falsas jefaturas y su aparente ascetismo respecto a ellas. Pues entre los hombres hay quien ha perdido la Vida Mundanal y la Última Vida: abandona la Vida Mundanal por la Vida Mundanal, considerando que el deleite de la falsa jefatura es preferible al deleite de las riquezas y de los bienes lícitos y permitidos. Abandona todo eso en busca de la falsa jefatura, hasta que, cuando se le dice: “Guárdate de Dios”, la soberbia lo arrastra al pecado. El Infierno le basta, ¡y qué mal lecho! Avanza a ciegas, tropezando sin rumbo; el comienzo de su falsedad lo conduce a la pérdida más lejana, y su Señor le concede prolongación en aquello que le es posible dentro de su tiranía. Declara lícito lo que Dios ha prohibido y prohíbe lo que Dios ha hecho lícito, sin preocuparse por lo que pierda de su Vida Mundanal con tal de que se preserve la jefatura por la que se ha afanado. Esos son aquellos contra los que Dios se ha airado, a quienes ha maldecido y para quienes ha preparado un castigo humillante. Pero el hombre —sí, el verdadero hombre— es aquel que subordina su deseo al mandato de Dios, que pone sus fuerzas al servicio de la complacencia de Dios, que ve la humillación junto a la verdad más cercana al honor eterno que el orgullo junto a la falsedad. Sabe que las pequeñas dificultades que soporta lo conducen a una dicha permanente en una morada que no perece ni se agota, y que la abundancia de placeres que lo alcanza si sigue su deseo lo conduce a un castigo sin interrupción ni fin. Ese es el hombre, sí, ese es el hombre: aferraos a él, seguid su tradición, dirigíos a vuestro Señor por medio de él y buscad su intercesión, pues su súplica no es rechazada ni su petición es frustrada…».[37]

Luego, los elementos de la autoridad del jurisconsulto que reúne todas las condiciones se concretan en tres funciones:

La primera: la función del dictamen jurídico, sobre lo que el público necesita para su práctica, y su ámbito son las cuestiones secundarias y los asuntos deducidos en cuanto a la aplicación de un juicio legal sobre ellos.

La segunda: la función judicial, consistente en juzgar y dictaminar conforme a lo que considera justo en los litigios y en otros asuntos específicos.

Y la tercera: la función de autoridad para disponer de los bienes y de las personas, que constituye un grado de la autoridad pública general, susceptible de delegación.

En el libro Tahdib Al-Usul del sayed Abdul Alí As-Sabsawari (que Dios tenga misericordia), en el volumen dos, pág. 128, dice: « Luego, las atribuciones del jurisconsulto que reúne todas las condiciones no se limitan a la autoridad del dictamen jurídico ni a la eficacia del fallo, sino que posee también una autoridad existencial, aunque guarde silencio; pues es legítimo que Dios Enaltecido lo tome como prueba el Día de la Resurrección, y es legítimo que él se queje ante Dios Enaltecido de los ignorantes por no haber recurrido a él para comprender los juicios. Ya fue mencionado en el hadiz: “Hay tres que se quejarán ante su Señor el Día de la Resurrección: un erudito al que no se le preguntó…”, y sigue el hadiz. Asimismo, le corresponde la autoridad organizativa, es decir, ordenar la Vida Mundanal de los seres humanos y su política conforme a un orden divino, con la condición de que tenga dominio pleno sobre el conjunto y extienda su mano sobre el gobierno desde todos los aspectos y direcciones.

Por lo tanto, el deber de los musulmanes en el tiempo de la ocultación es auxiliar a la religión, posibilitando que el representante particular del Imam, enviado por él (a), o bien el jurisconsulto justo, asceta respecto a la Vida Mundanal y que reúne todas las condiciones, en ausencia de un representante particular suyo (a), extienda su mano sobre el gobierno desde todos los aspectos y direcciones.

Del mismo modo, el deber de los eruditos hoy es enfrentarse a los taguts, pues ello constituye un yihad defensivo en defensa del núcleo del islam en este tiempo en que los taguts intentan borrar el islam por completo y devolver a las tierras islámicas a la ignorancia, como hizo Yasid –maldígalo Dios– en tiempos de Husein (a). Más aún: han llenado las tierras islámicas de ídolos e imágenes y han impuesto a los musulmanes respetarlos y venerarlos, porque representan a sus detestables personalidades demoníacas. Esta situación constituye una de las manifestaciones más claras del politeísmo respecto a Dios. Por ello, el erudito debe manifestar su ciencia, combatirlos, auxiliar a los combatientes aunque sea mediante el dictamen jurídico y hacerlo llegar a la sociedad, y trabajar en la formación religiosa de la comunidad.

En cuanto a los que se llaman eruditos – o más bien ignorantes, pues el erudito inoperante en realidad es un ignorante, como ellos (a)[38] lo mencionaron– que se esconden en corredores oscuros y ni siquiera se esfuerzan en conocer la situación de la sociedad islámica, ni en levantar la religión islámica de manera real y eficaz en la sociedad, ni en mover lo que está inmóvil, no tienen vínculo alguno con este grupo salvo. Se encontrarán el Día de la Resurrección en esos mismos corredores oscuros, con los rostros ennegrecidos. El Mensajero de Dios (s) dijo lo que significa: «El más malvado de los hombres el Día de la Resurrección es un erudito que no se benefició de su ciencia».[39]

De lo expuesto se desprende con claridad que la religión islámica posee su propia teoría política integral, tanto en lo legislativo como en lo ejecutivo, y que los musulmanes no deben renunciar a ella; pues es la teoría política más completa que ha conocido la humanidad, y no existe teoría política alguna que alcance su nivel. Y ello se debe a que quien la ha establecido y legislado es Dios, Glorificado, Enaltecido, Omnisciente y Sabio. Quien debe llevarla a la práctica es el Profeta (s), o el Imam infalible (a) después de él; o bien, en el tiempo de la ocultación del Imam (a) y en ausencia de un representante particular suyo (a), el jurisconsulto divino que reúne todas las condiciones, justo y asceta respecto a la Vida Mundanal.

 Y la alabanza pertenece únicamente a Dios.


[1] Sagrado Corán – sura Al-Maida (El banquete), 50.

[2] Sagrado Corán – sura Al-Maida (El banquete), 44.

[3] Sagrado Corán – sura Al-Maida (El banquete), 45.

[4] Sagrado Corán – sura Al-Maida (El banquete), 47.

[5] Ahmad transmitió en el Musnad con su cadena de transmisión, que el Mensajero de Dios (s) dijo: «La religión seguirá en pie mientras haya doce sucesores de Quraish», vol. 5, pág. 86. Y transmitió también, de Ÿábir Bin Samra, que dijo: «Escuché al Mensajero de Dios (s) decir durante la Peregrinación de Despedida: “Esta religión no dejará de manifestarse frente a quien la combata, ni la perjudicará quien se le oponga ni quien se aparte de ella, hasta que de mi nación hayan pasado doce sucesores”». Dijo: «Luego dijo algo que no comprendí, y le dije a mi padre: “¿Qué dijo?”. Dijo: “Todos ellos son de Quraish”», vol. 5, pág. 87. Muslim lo narró en su Sahih con una ligera variación, vol. 6, pág. 3, y Abu Daud lo transmitió en su Sunan con un añadido, véase: Sunan Abu Daud, vol. 2, pág. 309. Asimismo, se ha transmitido que los sucesores después del Profeta son doce, distintos de los anteriormente mencionados; Cfr.

[6] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 54-55.

[7] Sagrado Corán – sura Al-Ÿaziya (La arrodillada), 23.

[8] Sharh Nahÿul Balaga de Ibn Abi al-Hadid, vol. 1, pág. 18, Ahkam al-Quran de Ibn Arabi, vol. 4, pág. 43, Tafsir al-Qurtubi, vol. 15, pág. 162, Al-Mustashfa de Al-Gazali, pág. 170, Tarij Dimashq, vol. 51, pág. 300.

[9] Al-Iqtisad de At-Tusi, pág. 203, An-Nukat al-Itiqadiya de Al-Mufid, pág. 41, Al-Yakin de Ibn Tawus, pág. 312, Bihar al-Anwar, vol. 37, pág. 111.

[10] Ar-Risail al-Ashr de At-Tusi [Las diez cartas de At-Tusi], pág. 97. Hakim Al-Hasani transmitió en Shawahid at-Tanzil, de Anas, que dijo: «En tiempos del Mensajero de Dios un astro cayó, y el Profeta (s) dijo: “Observad este astro: en la casa en la que caiga, ese será el sucesor después de mí”. Entonces observamos y resultó que cayó en la morada de Alí hijo de Abu Táleb. Entonces un grupo de personas dijo: “Muhammad se ha extraviado por su amor a Alí”. Y Dios hizo descender: {Por la estrella cuando declina * No se ha extraviado vuestro compañero, y no se ha equivocado * Y no habla por deseo * No es sino una inspiración que se inspira}». Shawahid at-Tanzil, vol. 2, pág. 276.

[11] Yanabii al-Muwadda, vol. 1, pág. 112, Las diez cartas de At-Tusi, pág. 97. Ha sido transmitido con ligeras variaciones en numerosas fuentes. Cfr.

[12] Musnad Ahmad, vol. 1, pág. 179 y vol. 6, pág. 396, Sahih Muslim, vol. 7, pág. 120. Y lo transmitió Bujari con leves diferencias, vol. 4, pág. 208.

[13] Mubahala (مُبَاهَلَة) es un término islámico que designa un ritual de imprecación mutua entre dos partes en disputa sobre una verdad religiosa. Consiste en que ambas partes invocan solemnemente la maldición de Dios sobre quien esté mintiendo o en el error. El término proviene de la raíz ب-ه-ل que significa abandonar, soltar, con el sentido de dejar que la maldición de Dios caiga libremente sobre el mentiroso. (N. del T.)

[14] Sagrado Corán – sura Al Imrán (La familia de Imrán), 61.

[15] Hasan (a) y Husein (a).

[16] Se refiere (a) a lo que dijo el Altísimo: {Ciertamente, Abraham era una nación, devoto de Dios, haníf. Y no era de los politeístas}, Sagrado Corán – sura An-Nahl (Las hormigas), 120.

[17] Me limitaré a lo que transmitió Al-Fajr Ar-Rasi, que dijo: «Se ha transmitido cuando él (s) presentó las evidencias a los cristianos de Naÿrán y estos persistieron en su ignorancia, dijo (s): “Dios me ha ordenado que, si no aceptáis esta prueba, os impreque”. Ellos dijeron: “Oh, padre de Qásim, regresaremos y consideraremos nuestro asunto. Luego vendremos a ti”. Cuando regresaron dijeron a su dirigente –que era el hombre de opinión entre ellos: “Oh siervo del Mesías, ¿qué opinas?”. Y aquél dijo: “Por Dios, oh nación de cristianos, sabéis que Muhammad es un profeta enviado, y que os ha traído la palabra verdadera acerca de vuestro compañero. Por Dios, jamás un pueblo ha hecho la imprecación mutua contra un profeta sin que en él se acorte la vida de sus mayores y no prosperen sus pequeños. Y si lo hacéis, seréis aniquilados. Pero si insistís en vuestra religión y en continuar en lo que estáis, entonces pactad con el hombre y regresad a vuestras tierras”. El Mensajero de Dios (s) salió envuelto en un manto negro de lana, llevaba en brazos a Husein y tomaba de la mano a Hasan. Fátima caminaba detrás de él y Alí –que Dios se complazca de él– iba detrás de ella, diciendo: “Cuando yo suplique, decid ‘amén’”. Entonces el obispo de Naÿrán dijo: “Oh, nación de cristianos, veo unos rostros que, si pidieran a Dios que desplazara una montaña de su lugar, lo haría por ellos. No hagáis la imprecación mutua, no sea que perezcáis y no quede sobre la faz de la tierra un solo cristiano hasta el Día de la Resurrección”. Luego dijeron: “Oh, padre de Qásim, hemos decidido no imprecar contigo y reconocerte en tu religión”. Entonces él (s) dijo: “Si os negáis a la imprecación, sed musulmanes. Tendréis lo que tienen los musulmanes y recaerá sobre vosotros lo que recae sobre los musulmanes”. Entonces se negaron. Y él dijo: “Entonces os declaro la guerra”. Y ellos dijeron: “No tenemos fuerzas para una guerra contra los árabes, pero pactaremos contigo: que no nos atacarás ni nos apartarás de nuestra religión, y nosotros te entregaremos cada año dos mil túnicas: mil en Sáfar y mil en Raÿab, y treinta cotas de malla de hierro”. Pactó con ellos en esos términos y dijo: “Por aquél en cuya mano está mi alma, la destrucción ya se cernía sobre la gente de Naÿrán. Si hubieran imprecado, habrían sido transformados en simios y cerdos, el valle se habría prendido fuego sobre ellos, Dios habría aniquilado a Naÿrán y a su gente, incluso a las aves sobre las copas de los árboles. Y no habría transcurrido un año sin que todos los cristianos perecieran…”» Tafsir Ar-Rasi, vol. 8, pág. 85.

[18] Sagrado Corán – sura Al-Maida (El banquete), 55.

[19] Los grandes eruditos en general han declarado explícitamente que esta descendió por Alí (a). Me limitaré a lo que mencionaron Al-Hakim Al-Haskani y Al-Fajr Ar-Rasi, pues ambos transmitieron de Abu Darr Al-Gafari, que dijo: «Un día recé con el Mensajero de Dios (s) el azalá del mediodía. Entonces un mendigo pidió en la mezquita y nadie le dio nada. El mendigo alzó su mano al cielo y dijo: “¡Oh Dios, sé testigo de que pedí en la mezquita del Mensajero de Dios y nadie me dio nada!”. Alí estaba inclinado en la oración, y le hizo una seña con el meñique de su mano derecha, en el cual llevaba un anillo. El mendigo se acercó y tomó el anillo de su meñique, todo ello ante los ojos del Profeta. Cuando el Profeta (s) terminó su azalá, alzó su cabeza al cielo y dijo: “Oh Dios, mi hermano Moisés te pidió diciendo: ‘Señor, ensancha mi pecho y facilítame mi tarea. Desata el nudo de mi lengua para que comprendan lo que digo, y pon para mí un ministro de mi gente: a Aarón, mi hermano. Consolida con él mi fortaleza y hazlo partícipe de mi tarea’, pues hiciste descender un Corán que dice: {Fortaleceremos tu brazo con tu hermano}. Oh Dios, yo soy Muhammad, Tu profeta y Tu escogido. Oh Dios, ensancha mi pecho y facilítame mi tarea, y pon para mí un ministro de mi gente: a Alí, mi hermano. Consolida con él mi fortaleza”. Abu Darr dijo: “Por Dios, El Mensajero de Dios (s) no había terminado aún sus palabras cuando descendió Gabriel de parte de Dios y dijo: “¡Oh Muhammad, enhorabuena por lo que te ha concedido Dios con tu hermano!” Dijo: “¿Y qué es, Gabriel?” Dijo: “Dios ha ordenado a tu nación jurarle lealtad hasta el Día de la Resurrección y ha hecho descender un Corán sobre ti: {Sólo vuestro patrono es Dios, y su mensajero, y los que han creído, los que establecen el azalá, y entregan el azaque estando inclinados}”». Shawahid At-Tanzil, vol. 1, pág. 230, Al-Fajr Ar-Razi en su interpretación, vol. 12, pág. 26.

[20] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 59.

[21] Sagrado Corán – sura Al-Ahsab (Los partidos), 33.

[22] Ahmad mencionó en su Musnad: de Shadad Abi Ammar, que dijo: «Entré a lo de Waila Bin Al-Asqaa, había gente con él y él mencionó a Alí. Cuando se fueron me dijo: “¿Te informo lo que he visto del Mensajero de Dios (s)?” Dije: “Claro que sí”. Dijo: “Fui a lo de Fátima —que Dios Altísimo se complazca de ella— y le pregunté sobre Alí. Ella dijo: ‘Fue a lo del Mensajero de Dios (s)’. Entonces me senté a esperarlo hasta que vino el Mensajero de Dios (s). Con él estaban Alí, Hasan y Husein —que Dios Altísimo se complazca de ellos— llendo de la mano, hasta que él entró. Entonces se acercó a Alí y a Fátima y los hizo sentarse junto a él. Hasan y a Husein se sentaron sobre su regazo. Luego los cubrió con una tela, o dijo ‘manto’, y recitó este versículo: {Dios sólo quiere llevarse de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros en purificación}. Y dijo: ‘Oh Dios, estos son la Gente de mi Casa, la Gente de mi Casa’”». Musnad Ahmad, vol. 4, pág. 107.

Y narró Muslim en su Sahih, diciendo: «Aisha dijo: “Una mañana el Profeta (s) salió usando una saya de pelo negro. Y llegó Hasan, el hijo de Alí y lo hizo entrar en el manto, luego llegó Husein y también lo hizo entrar, luego llegó Fátima y también la hizo entrar, y llegó Alí y lo hizo entrar. Luego dijo: {Dios sólo quiere llevarse de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros en purificación}». Sahih Muslim, vol. 8, pág. 130, ed. en español de la Oficina de Cultura y Difusión Islámica, Argentina [no. 5955, pág. 698].

Y narró Tirmidi: de Amr Bin Abi Salma, criado del Profeta (s), que dijo: «Cuando descendió este versículo sobre el Profeta (s): {Dios sólo quiere llevarse de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros en purificación} en la casa de Um Salma, llamó a Fátima, a Hasan y a Husein, y los cubrió con un manto, y Alí detrás apareció y él lo cubrió con el manto. Luego dijo: “Oh Dios, estos son la gente de mi casa. Llévate de ellos la impureza y purifícalos en purificación”. Um Salma dijo: “¿Y yo estoy con ellos, profeta de Dios?” Dijo: “Tú estás en tu lugar y estás en el bien”». Sunan At-Tirmidi, vol. 5, pág. 30.

Fajr Ar-Razi dijo: «Fue narrado que él (a), cuando salió en una saya negra, vino Hasan —que Dios se complazca de él— y lo hizo entrar bajo ella, luego vino Husein —que Dios se complazca de él— y lo hizo entrar debajo de ella. Luego vino Fátima, luego Alí —que Dios se complazca de ambos—. Luego dijo: {Dios sólo quiere llevarse de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros en purificación} Sagrado Corán – sura Al-Ahzab (Los partidos), 33. Se informa que esta narración coincide entre la gente de la interpretación y el hadiz). Tafsir Ar-Razi, vol. 8, pág. 85.

Az-Zaalabi en su Tafsir transmite: [vol. 8, pág. 38] de Ibn Hayar, que dijo: «Ibn Hayar dijo: {Dios sólo quiere llevarse de vosotros la impureza, Gente de la Casa, y purificaros en purificación} … La mayoría de los intérpretes coinciden en que esto descendió por Alí, Fátima, Hasan y Husein». As-Sawaaiq Al-Muhraqa, 143° ed. Egipto y 220° ed. de Beirut, capítulo 11, de los versículos mencionados, el primer versículo. Y véanse otras fuentes.

[23] Abdurrahmán Ahmad Al-Bakri dijo en su libro Sobre la vida del sucesor Omar Bin Al-Jattab: Muhammad Bin Ahmad Al-Bairuni Al-Jawarzmi, fallecido en el año 440 de la héjira, en los acontecimientos del sagrado mes de Dul Hiyya, dijo: «El décimo octavo día se llama Gadir Jum. Es el nombre de un alto donde el Profeta (s) descendió cuando partía de la Peregrinación de la Despedida. Reunió a las albardas y a los viajeros y subió por encima de ellos tomando del brazo a Alí Bin Abi Talib (a) y diciendo: “Oh gentes, ¿no soy yo más digno para vosotros que vosotros mismos?” Dijeron: “¡Por supuesto, Mensajero de Dios!” Dijo: “De quien yo sea su Guardián, Alí es su Guardián. Oh Dios, sé amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, apoya a quien lo apoye y abandona a quien lo abandone, y haz morar la verdad donde él esté”. Y se dice que alzó la cabeza al cielo y dijo: “Oh Dios, ¿acaso he hecho saber las tres?”». Sobre la vida de Omar Bin Al-Jattab, pág. 321.

[24] Tarij Dimashq (La historia de Damasco), vol. 42, pág. 220. Al-Bidaya wal Nihaya (El principio y el final), vol. 7, pág. 386, y muchas otras fuentes que mencionan el acontecimiento de Gadir Jum.

[25] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 59.

[26] An-Nafi Yaum al-Hashr fi Sharh al-Bab Al-Hadi Ashar, pág. 115. Y fue narrado con el mismo sentido con leves diferencias en Kamal Ad-Din, pág. 285, Kifaya Al-Azar, pág. 45, Al-Ihtiyay, vol. 1, pág. 87 y otros.

[27] Literalmente: El que se levanta. (N. del T.)

[28] An-Nafi Yaum al-Hashr fi Sharh al-Bab Al-Hadi Ashar, pág. 115. Y fue narrado con el mismo sentido con leves diferencias en Ar-Risail al-Ashr At-Tusi (Las diez cartas de At-Tusi), pág. 89. An-Nukat al-Itiqadiya, pág. 43, Bihar al-Anwar, vol. 36, pág. 372 y otros.

[29] Al-Kulaini narró de Abu Yafar (a), que dijo: «Oh nación de shiíes, discutid con esta sura. Ciertamente descendió para daros el éxito. Por Dios, que es una prueba de Dios, Bendito y Altísimo, para la creación después del Mensajero de Dios (s). Es la señora de vuestra religión y la cima de nuestra ciencia. Oh, nación de shiíes, discutan con {Ha Mim * Y por el libro claro * Ciertamente, lo hemos hecho descender en una noche bendita. Ciertamente, hemos sido advertidores}, pues se refiere en particular a aquellos de autoridad después del Mensajero de Dios (s). Oh, nación de shiíes, Dios, Bendito y Altísimo, dice: {Y no ha habido nación por la cual no haya pasado un advertidor}». Se le dijo: «oh Abu Yafar, su advertidor era Muhammad (s)». Dijo: «Cierto. ¿Y acaso fue en vida un advertidor enviado a todos los países de la Tierra?» Dijo: «No». Abu Yafar (a) dijo: «¿Acaso sus enviados no eran advertidores como el Mensajero de Dios que está en una misión de Dios (a) como advertidor?» Dijo: «Por supuesto». Dijo: «Del mismo modo, Muhammad no ha muerto sin tener un misionero como advertidor. Pues, si niegas esto, sería como si el Mensajero de Dios (s) habría descuidado a los hombres de su nación que aún están por nacer». Dijo: «¿Y no les basta con el Corán?» Dijo: «Sí, si encuentran un intérprete». Dijo: «¿Y no lo ha interpretado el Mensajero de Dios (s)?». Dijo: «Por supuesto. Ya lo ha interpretado a un solo hombre, y ha explicado la importancia de este hombre, que fue Alí Bin Abi Talib (a)». El que preguntaba dijo: «Oh, Abu Yafar, ¿se trata de un asunto especial que el público no soporta?». Dijo: «Dios se ha negado a ser adorado excepto en secreto hasta que llegue el momento de su causa cuando se manifieste su religión, como lo hacía en secreto el Mensajero de Dios cuando estaba con Jadiya hasta que se ordenó anunciarlo». El que preguntaba dijo: «¿Conviene al que profesa esta religión esconderse?» Dijo: «¿No se escondía Alí Bin Abi Talib (a) el día que se islamizó con el Mensajero de Dios (s) hasta que su asunto se manifestó?» Dijo: «Por supuesto.» Dijo: «Del mismo modo se nos ha ordenado hasta que madure la escritura por su causa». Al-Kafi, vol. 1, pág. 249.

Fue narrado también: un hombre dijo a Abu Yafar (a): «Oh, hijo del Mensajero de Dios, no te enojes conmigo». Dijo: «¿Por qué?». Dijo: «Por lo que te quiero preguntar». Dijo: «Di». Dijo: «¿Y no te enojas?». Dijo: «Y no me enojo». Dijo: «He pensado lo que dijiste sobre la Noche del Decreto, y que en ella descienden los ángeles y el espíritu hacia los albaceas. ¿Van a ellos con una orden que el Mensajero de Dios (s) no les había enseñado? ¿O van a ellos con una orden que el Mensajero de Dios (s) ya les había enseñado? Y he sabido que el Mensajero de Dios (s) murió y que no había nada de su ciencia de lo que Alí (a) no estuviera enterado». Abu Yafar (a) dijo: «¿Qué tengo yo y qué tienes tú, hombre, que vienes a mí?» Dijo: «Me ha traído a ti la búsqueda de la religión». Dijo: «Entonces entiende lo que te digo. Cuando el Mensajero de Dios (s) hizo el viaje nocturno no bajó hasta que Dios Glorioso le hubo enseñado la ciencia de lo que ha sido y de lo que será. Mucho de esta ciencia es en general, su interpretación llegará la Noche del Decreto, y del mismo modo es para Alí Bin Abi Talib (a). Él aprendió lo general de la ciencia y su interpretación llegará la Noche del Decreto, como fue con el Mensajero de Dios (s)». El hombre preguntó: «¿Y no era que ya había una interpretación sobre las cuestiones generales?». Dijo: «Por supuesto. Pero la orden de Dios Altísimo llegará la Noche del Decreto al Profeta y a los albaceas: “haz así y así” con respecto a lo que ellos ya saben, a ellos se les ordenó cómo proceder». Dije: «Explícame esto». Dijo: «El Mensajero de Dios (s) no ha muerto sino preservando las cuestiones generales y su interpretación». Dije: «Entonces, ¿cuál es la ciencia que le llega a él la Noche del Decreto?». Dijo: «La orden y los detalles de lo que él ya sabía». El hombre dijo: «Entonces, ¿qué ciencia adquieren la Noche del Decreto además de lo que ya saben?». Dijo: «Esto es algo que se les ordenó ocultar y sólo Dios (a) sabe la interpretación de lo que has preguntado». El hombre preguntó: «Entonces, ¿acaso los albaceas saben lo que no saben los profetas?». Dijo: «No. ¿Cómo sabría un albacea algo distinto a lo que ha heredado?» El hombre preguntó: «Entonces, ¿podemos decir que uno de los albaceas sabe lo que el otro no sabe?». Dijo: «No. Ningún profeta ha muerto sin dejar la ciencia en el corazón de su albacea. Los ángeles y el espíritu descienden en la Noche del Decreto con el estatuto con el cual se juzga entre los siervos». El hombre preguntó: «Y no conocían ya ese estatuto?». Dijo: «Por supuesto. Ya lo conocían, pero no pueden ejecutar nada de esto hasta que se les ordene la Noche del Decreto sobre qué hacer el próximo año». El hombre preguntó: «Oh Abu Yafar, ¿puedo negar esto?». Abu Yafar (a) dijo: «Quien lo niegue no es de nosotros». El hombre preguntó: «Oh, Abu Yafar, estaba pensando… ¿Al Profeta (s) le llegó algo la Noche del Decreto que él ya no supiera?». Dijo: «No es lícito para ti preguntar sobre esto. En cuanto a la ciencia que fue y que será, ningún profeta ni albacea muere sin que el albacea posterior a él la conozca. En cuanto a esta ciencia de la que preguntas, Dios (a) se ha negado a que los albaceas la informen a otros que no sean ellos mismos». El hombre preguntó: «Oh, hijo del Mensajero de Dios, ¿cómo sé que la Noche del Decreto está cada año?». Dijo: «Si llega el mes de Ramadán lee la sura Ad-Duján (El humo) cada noche cien veces, y si llega la noche veintitrés verás la ratificación de lo que has preguntado». Al-Kafi, vol. 1, pág. 251. Y véanse las demás narraciones en Al-Kafi en el capítulo “La importancia de la Noche del Decreto”, vol. 1, pág. 242.

[30] Hayán Ibn As-Samin Al-Hanafi de Yamama era el jefe de la tribu Banu Hanifa y el jefe del fuerte y del ejército. Ÿábir es el nombre de su hermano menor, mientras que Al-Ashá, cuyo nombre real era Maimún Ibn Qais Ibn Yandal, disfrutaba de la posición de ser su amigo íntimo y llevaba una vida feliz decente gracias a su generosidad. En este verso compara su vida actual con la anterior que son los días en que deambulaba en busca de sustento y aquellos en los que llevaba una vida feliz en compañía de Hayán. (Nota del traductor).

[31] Sagrado Corán – sura Al-Qisas (El relato), 83.

[32] Nahyul Balaga con comentarios de Muhammad Abdu, vol. 1, pág. 30 “Sermón Ash-Shaqshaqiya”.

[33] Amali As-Suduq, pág. 702, Ilal Ash-Sharai, vol. 1, pág. 43, Man La Yahdaruhu al-Faqih, vol. 4, pág. 419, Bihar al-Anwar, vol. 39, pág. 336.

[34] Sagrado Corán – sura Al-Ahsab (Los partidos), 6.

[35] Al-Gadir, vol. 1, pág. 8.

[36] Tafsir Al-Imam Al-Hasan Al-Áskari (a), pág. 300.

[37] Al-Ihtiyay, vol. 2, pág. 52.

[38] El Comandante de los Creyentes (a) en uno de sus sermones dijo: «Y otro que se hace llamar erudito y no lo es. Pues cita necedades de ignorantes y equivocaciones de extraviados. Tiende a los hombres una trampa de redes de engaño y palabras de falsedad. Interpreta el libro según sus propias opiniones. Tuerce la verdad según su propio deseo. Da tranquilidad por las cosas graves y minimiza los grandes crímenes. Dice: “Me detengo en las cosas dudosas” mientras cae en ellas y “me alejo de las innovaciones” mientras yace entre ellas. Su figura es la figura de un ser humano y su corazón es el corazón de un animal. No conoce la puerta de la guía para seguirla ni la puerta de la ceguera para evitarla. Así que es un muerto entre los vivos. Y vosotros, ¿hacia dónde iréis?» Nahyul Balaga, con comentarios de Muhammad Abdu, vol. 1, pág. 153.

[39] Fue narrado del Mensajero de Dios (s): «El tormento más severo para los hombres el Día de la Resurrección será para quien haya asesinado a un profeta o haya asesinado a uno de sus padres, o para un erudito cuya ciencia no haya sido de provecho». Raudá al-Waidin, pág. 10, Al-Ilm wal Hikma fil-Kitab was Sunna, pág. 457, Mausua al-Aqaid al-Islamiya, vol. 2, pág. 499.

Dijo (s) también: «Los eruditos de esta nación son dos hombres. Un hombre al que Dios le ha dado ciencia y con ella ha buscado el rostro de Dios y la morada de la Última. La ha regalado a los hombres y no la ha utilizado por codicia ni la ha vendido por un bajo precio. Por eso quienes están en los mares, bestias de tierra y mar, y aves en medio del cielo piden el perdón para él. Y él se presenta ante Dios como un noble sayed. Y otro hombre al que Dios le ha dado ciencia y ha sido avaro con ella para con los siervos de Dios. La ha adquirido por codicia y la ha vendido por un bajo precio. Así que el Día de la Resurrección será embridado con una brida de fuego y uno de los ángeles clamará sobre la cabeza de los testigos: “Este es fulano hijo de fulano. Dios le ha dado ciencia en la morada del mundo y él ha sido avaro con ella para con sus siervos”, hasta que termine su cuenta». Raudá al-Waidin, pág. 10.

 


Extracto del libro El yermo o el camino a Dios de Ahmed Alhasan (a)