Los musulmanes perdieron el camino tras la muerte del Mensajero de Dios, Muhammad hijo de Abdulá (s). Abu Bakr y un grupo de hipócritas saltaron al poder y usurparon el califato del Mensajero de Dios (s). La mayoría de los compañeros se mostraron tibios a la hora de auxiliar al albacea del Mensajero de Dios (s) designado por Dios: Alí hijo de Abu Táleb (a). El Mensajero de Dios (s) lo había investido, por orden de Dios, como Comandante de los Creyentes y sucesor del Mensajero del Señor de los mundos (s) después de él, en Gadir Jum, durante la Peregrinación de Despedida. Y no se contentaron con usurpar el derecho del Imam Alí (a) ni el derecho de la humanidad a recibir la palabra «no hay divinidad sino Dios, Muhammad es el Mensajero de Dios (s)», sino que fueron más allá: Omar Bin Al-Jattab y un grupo de hipócritas intentaron incendiar la casa de Fátima Az-Zahrá, siendo ella la única hija del Mensajero de Dios (s) nacida de su propio linaje. Ella, Hasan, Husein y Alí (a) son a quienes Dios obligó a amar en el Corán. Dijo el Enaltecido:
{Di: «No os pido por ello recompensa alguna, sino el amor a los parientes cercanos}.[1]
Y como este intento no bastó para sacar al Imam (a) a prestar juramento a Abū Bakr por la fuerza, asaltaron la casa de Az-Zahra le rompieron una costilla, provocaron la pérdida de su feto y el clavo se le clavó en el pecho. Ella es de quien dijo el Mensajero de Dios (s): «Es la madre de su padre, una parte de mí; Dios se complace con su complacencia y se enoja con su enojo. Ella es la Señora de las mujeres de los mundos, desde los primeros hasta los últimos».[2]
Así, los musulmanes no erraron el yermo ni el yermo los erró, porque caminaron por el mismo sendero de los Hijos de Israel, paso a paso, sandalia con sandalia. Dijo el Mensajero de Dios (s): «Por Aquél en cuya mano está mi alma, que seguiréis las tradiciones de quienes os precedieron, paso a paso, huella a huella, hasta no evadir su camino ni que la tradición de los hijos de Israel os evada a vosotros».[3]
Esta nación perdió su parte, se alió con su enemigo, combatió a su tutor y a su Imam, e irritó a su Señor. Desde entonces comenzó a internarse en el yermo y la perdición, hasta asentarse hoy en el corazón del desierto. Desde Muawiya y Ziyad, hasta Yazid y el hijo de Ziyad, desde Muslim Bin Uqba hasta Marwán, desde Abdul Malik y sus hijos, y Al-Haÿÿaÿ, hasta los abasíes As-Saffah, Al-Mansur Ad-Dawaniqi, Al-Hadi, Al-Mahdi y Ar-Rashid, los extraviados; hasta Al-Amín (el confiable) y Maamun (el leal), los nada confiables, hasta Al-Mutawakkil (el encomendado) al demonio, hasta… hasta… Un viaje espantoso atravesó esta nación. ¡Cuántas ciudades violada su sacralidad, cuántos de sus mejores muertos, cuántos ultrajes contra el honor de sus mujeres! Ni siquiera se salvaron la ciudad del Mensajero de Dios (s) ni la venerada Kaaba. Yazid –maldígalo Dios– envió a Muslim Bin Uqba, al que más bien habría que llamar criminal: mató en Medina a más de diez mil musulmanes, entre ellos setecientos compañeros, violó a más de mil vírgenes, y no satisfecho con ello marchó contra la Kaaba sagrada, pero Dios lo destruyó como destruyó a los dueños del elefante.[4]
¡Cuántos libres fueron torturados, cuántos justos asesinados, cuántos perecieron en cárceles y oscuras mazmorras donde no se distingue la noche del día! Si vieras lo que los omeyas y los abasíes hicieron a los musulmanes, te llenarías de espanto. y si conocieras su libertinaje, su incredulidad y su salida de la religión, te asombrarías aún más.
Dice Al-Masuudi acerca de uno de ellos –Walid Bin Yazid Bin Abdul Malik– en Maruÿ Ad-Dahab (Los prados de oro): «El hijo de Aisha le cantó y se embriagó de placer. Walid le dijo: “¡Bravo! ¡Por Dios, hombre! ¡Repítelo otra vez por el derecho del siervo del Sol!”[5] Entonces lo repitió. Luego le dijo: “Repítelo por el derecho de Umaya” y aquél lo repitió… Entonces Walid le dijo al cantante: “Túmbate” y no dejó miembro suyo sin besarlo; se inclinó hacia su miembro para besarlo, el cantante lo aprisionó entre sus muslos y Walid le dijo: “¡No, por Dios, hasta que lo bese!” No cesó hasta besarlo; luego le dio mil dinares, lo montó en una mula y dijo: «Pásala por mi alfombra», y así lo hizo. Colocó un estanque en un jardín y lo llenó de vino; nadaba en él con prostitutas y bebía hasta que se notaba la disminución. Un día se acostó con su propia hija y dijo: “Quien vigila a la gente muere de pena”».[6]
Y dice el Sayed Al-Murtadá en Al-Amali: «Nos informó que Abú Ubaidulá Al-Mazrabani dijo: Ahmed Bin Kamel dijo: Walid Bin Yazid era un hereje. Un día abrió el Corán y en él vio: {Y pidieron la victoria; y ha fracasado todo avasallador obstinado}.[7] Tomó el Corán como blanco y lo atravesó con flechas mientras decía:
“Amenazas a todo avasallador obstinado… pues he aquí que yo soy ese avasallador obstinado.
Si encuentras a tu Señor el Día de la Resurrección… dile: Oh Señor, Walid me ha desgarrado”».[8]
Lamento transmitir una historia tan abominable como esta –y lo que he mencionado es una pequeña parte de mucho más–. Bastaría, como prueba de su salida de la religión y de su guerra contra el islam, con el asesinato de la descendencia del Mensajero de Dios (s) y su dispersión hasta los confines de la tierra: hoy encontramos a la descendencia del Mensajero de Dios (s) viviendo en Irán, Afganistán, la India y tierras lejanas de la ciudad de su abuelo (s). Bastaría, también, como prueba de su odio al Mensajero de Dios (s).
Esta injusticia y corrupción continuaron hasta nuestros días. Nuestras riquezas están en manos de déspotas idolatrados que con ellas siembran corrupción en la tierra y entre los siervos, y las derraman sobre quienes los adoran en lugar de a Dios. Sus prisiones no tienen parangón en la historia; en ellas hay métodos de tortura que erizan la piel. Sus ejércitos están equipados con todo tipo de armas, no para defender las tierras islámicas, sino para reprimir a los pueblos islámicos. Todo el que alza la voz con la palabra «no hay divinidad sino Dios» y llama a los musulmanes a gobernar con lo que Dios ha revelado es arrojado a esas oscuras mazmorras o asesinado. No sabemos cuándo terminará este yermo y esta perdición, ni cuándo volverá el islam a gobernar a los musulmanes como en la época del Mensajero de Dios (s), extendiendo la justicia en las tierras islámicas y, por ende, en toda la tierra. Pero sabemos con certeza que volverá, porque el Mensajero de Dios (s) nos prometió y nos informó que el islam regresará fresco y lozano al final de los tiempos por mano de su descendiente, el Mahdi (a).
Esta aparición bendita de este gran reformador no se realizará hasta que se levanten las causas de su ocultación y surja en esta nación una generación preparada para portar el mensaje divino a toda la humanidad, para que se cumpla la promesa divina de que esta religión prevalezca sobre toda religión. Si de verdad queremos que la justicia se realice en la tierra, salir de este desierto y de este yermo, y anhelamos la aparición del Imam Al-Mahdi (a) debemos volver al islam que Dios quiere, no al que quieren los taguts. Dijo el Enaltecido:
{Y ya hemos enviado a cada nación un mensajero: «Adorad a Dios y evitad el tagut». Así pues, entre ellos hay a quien lo ha guiado Dios, y entre ellos hay sobre quien se ha hecho efectivo el extravío. Así que id por la Tierra y observad cómo fue la consecuencia de los desmentidores}.[9]
Los taguts que hoy dominan esta nación con ayuda de América, aunque finjan enemistad para completar esta farsa repugnante, buscan marginar el islam y convertir al musulmán en un corazón vacío de fe en Dios, envuelto en cáscaras religiosas sin realidad. Si pudieran desprenderse incluso de esas cáscaras y combatirlas, no dudarían, como han hecho hoy en Turquía. Quien dude de su servilismo a América y al sionismo, especialmente aquellos que dicen ser sus enemigos, que revise su historia negra: cada día que permanecen en el poder sirven a sus amos americanos y sionistas con guerras contra musulmanes y árabes, con la represión de todo movimiento islámico y de toda conciencia religiosa. Quien quiera más pruebas, que consulte la Torá, el libro de Daniel: encontrará que en Oriente Medio hay diez reyes agentes de América, simbolizada como un reino de hierro que devora y aplasta todos los reinos de la tierra, pero que –si Dios quiere– será aplastado por el Mahdi de esta comunidad, la paz sea con él, como se menciona en el propio libro de Daniel.
El tirano no se preocupa sino de sí mismo y de lo que lo mantiene en el poder. Su trono no se sostiene sino sobre sangre y despojos. Mata a todo el que rechaza su dominio, ocupa al pueblo con crisis interminables que solo acaban con su caída: declara guerras, siembra fanatismos tribales y gritos satánicos; incluso priva al pueblo del pan para mantenerlo ocupado en conseguirlo. Vivir bajo la sombra del tagut es humillación; es morir en vida; es perder este mundo y la Última Vida.
Platón, el filósofo griego, describiendo el gobierno del tagut y su formación, dijo: entre los defensores de la democracia y los protectores del pueblo surge el más violento y astuto; exilia o ejecuta a los ricos, anula las deudas, reparte tierras, se crea una guardia personal; el pueblo se alegra y él se apropia del poder. Para afianzarse y ocupar al pueblo, declara guerras a sus vecinos tras haberlos tratado en paz; corta la cabeza de todo rival o crítico, aparta a los hombres virtuosos, acerca a mercenarios y libertos, colma de dones a poetas que lo colman de elogios, saquea templos y exprime al pueblo para alimentar a sus guardianes. Entonces el pueblo comprende que ha pasado de la libertad a la tiranía: este es el último gobierno.
Los siervos del tagut y sus mercenarios creen estar a salvo, con vidas estables y tranquilas. Mientras sirvan al tirano, ningún mal los tocará: su amo es fuerte, corta cabezas, el pueblo está sometido y está rendido a la injusticia.
Pero es una ilusión: el fuego permanece bajo la ceniza. Dijo el Enaltecido:
{El ejemplo de los que han adoptado, en lugar de a Dios, a patronos es como el ejemplo de la araña que adopta una casa. Y ciertamente, la más endeble de las casas es la de la araña. Si hubieran sabido}.[10]
La verdad, conocida por quien sigue la historia de las naciones, es que el final de todo tirano y de sus mercenarios llega con la revolución de los oprimidos y los desposeídos. Los injustos sabrán a qué retorno retornan.
Quienes se someten a los taguts y se humillan ante ellos, alegando ser musulmanes, han salido de la lealtad a Dios sin saberlo. Dijo el Enaltecido:
{¿No has visto a los que afirman haber creído en lo que ha descendido sobre ti y en lo que ha descendido antes de ti? Quieren apelar al tagut, y ya se les ha ordenado que descrean de él, y quiere el demonio extraviarlos en una extravío lejano}.[11]
Los taguts los empujan a guerras contra pueblos islámicos, y ellos no se abstienen de ayudarlos por temor, combaten a los aliados de Dios y violan las sacralidades de los creyentes. ¿Qué situación es peor que la de ellos? ¡¿Qué incredulidad es mayor que la de ellos, apoyando a los enemigos de Dios?!
Dijo el Enaltecido: {Los que han creído combaten por la causa de Dios y los que han descreído combaten por la causa del tagut. Así que combatid a los aliados del demonio. Ciertamente, el ardid del demonio es débil}.[12]
Algunos se excusan diciendo que temen a los taguts y a la muerte. Es una excusa vil e inaceptable. Si hay que empuñar armas, que sea contra los taguts, no en su favor. Dijo el Enaltecido:
{Ciertamente, a quienes los hayan hecho partir los ángeles, injustos con sus propias almas, se les dirá: «¿En qué estabais?» Dirán: «Éramos oprimidos en la Tierra». Dirán: «¿No era la Tierra de Dios amplia para que emigrarais en ella?» Así pues, para aquellos su morada es el Infierno. Y es un mal destino}.[13]
Y dijo el Enaltecido: {Dirán los que se habían ensoberbecido a los que habían sido oprimidos: «¿Es que nosotros os habíamos apartado de la guía después de que llegara a vosotros? No. Es que vosotros fuisteis criminales» * Y dirán los que habían sido denigrados a los que se habían ensoberbecido: «No. Fue la maquinación noche y día ordenándonos a que no creamos en Dios y a que le atribuyamos semejantes». Y guardarán en secreto su contrición cuando vean el castigo. Y pondremos grilletes en los cuellos de los que no hayan creído. ¿Acaso no serán retribuidos sino por lo que hacían?}.[14]
Así como es ilícito ayudar a los taguts y apoyarse en ellos, también es ilícito abandonar el yihad y dejar de ordenar lo reconocido y de prohibir lo reprochable. Alejarse de la vida de los musulmanes no exime de la obligación. Quien se acuesta sin preocuparse por los asuntos de los musulmanes no es de ellos, aunque sea un jurista afirmando ser delegado general del Imam (a). Que cada musulmán mire su corazón: ¿teme a Dios o teme al tagut? Ambos temores no coexisten en el corazón del creyente. El temor de Dios hace que los taguts, a los ojos del creyente, sean más despreciables que un mosquito. No tienen influencia sobre él ni sobre sus decisiones, salvo dentro de los límites de la disimulación obligatoria. Dijo el Enaltecido:
{¿No has visto a los que se les dijo: «Apartad vuestras manos, y estableced el azalá, y entregad el azaque»? Así pues, cuando se les prescribió el combate, he aquí que un grupo de ellos temieron a los hombres como se teme a Dios o con mayor temor. Y dijeron: «Señor nuestro, ¿para qué nos has prescrito el combate? Si nos aplazaras hasta un plazo cercano». Di: «El disfrute de este mundo es poco y la Última Vida es mejor para quien se guarda. Y no habéis de ser oprimidos ni en un pelo»}.[15]
La alabanza a Dios, pues la comunidad islámica hoy ha comenzado el camino del retorno a Dios, y el camino del despertar religioso islámico que vemos ensancharse cada día hasta abarcar todos los países islámicos, y que amenaza los tronos de los tiranos que se han impuesto sobre esta comunidad y han agotado todos sus medios para hundir a la juventud musulmana en las pasiones materiales y sexuales. Han difundido los lugares de diversión, las bebidas embriagantes y la inmoralidad en los países islámicos, y han propagado a través de la televisión y otros medios todo lo que Dios ha prohibido: canciones, mujeres desnudas y relatos sobre la vida de los occidentales, cuyo objetivo es desintegrar la familia islámica. Pero Dios frustró sus planes y socavó sus edificaciones desde los cimientos, y pronto el techo caerá sobre sus cabezas, si Dios quiso.
Estos tiranos se ilusionaron, como se ilusionaron quienes les precedieron, pensando que podían borrar las verdaderas señas de la religión del monoteísmo, deformar el islam y matar las creencias correctas que amenazan sus tronos, en particular la creencia en la espera del Mahdi (a), ¿cómo podrían lograrlo, cuando el Corán está entre nuestras manos clamando a nuestros oídos:
{Y queremos agraciar a los que habían sido oprimidos en la Tierra y los pusimos como Imames y los pusimos como herederos * Y hemos de afianzarlos en la Tierra y hacer ver al faraón, y a Hamán y al ejército de ambos aquello de lo que se guardaban}.[16]
{Y ciertamente, ya hemos escrito en los Salmos, después del Recuerdo, que la Tierra ha de ser heredada por mis siervos justos}.[17]
{Y ha prometido Dios que a los que hayan creído de vosotros y hayan hecho buenas acciones, que los hará sucesores en la tierra como hizo sucesores a los que fueron antes de ellos, y ha de consolidar para ellos su religión, la que Él ha aprobado para ellos, y Él ha de darles en lugar de su temor, seguridad. Me adorarán sin asociarme nada, y quien descrea después de esto, pues, aquellos son los perversos}.[18]
Y aún resuenan en nuestros oídos los significados proclamados por el Mensajero de Dios (s): «Si al mundo no le quedara más que un día, saldría de mi descendencia quien lo llenará con igualdad y justicia como se ha llenado de injusticia y opresión».[19]
Y el Mahdi (a) está entre nosotros: los musulmanes se benefician de él como la Tierra y quienes están sobre ella se benefician del sol cuando lo ocultan las nubes.[20]
¡Oh musulmanes y musulmanas, oh amados! Creed en Dios y descreed del tagut, y aferraos al asidero firme, la prueba de Dios en Su Tierra, el Mahdi, (a). Sabed que la fe en Dios va inseparablemente unida a la descreencia en el tagut: son una sola cosa, como la desaparición de la oscuridad y la irrupción de la luz, pues no se puede comprender la desaparición de la oscuridad sino por la irrupción de la luz.
Dijo el Enaltecido: {No hay coerción en la religión. Ya se ha distinguido la rectitud del descarrío. Así pues, quien descrea del tagut y crea en Dios, pues se habrá aferrado al asidero más firme. No hay fisura en él. Y Dios es Oyente, Omnisciente}.[21]
Temed al demonio y al deseo del alma, y seguid lo que os ha traído el Mensajero de Dios, bendígalo Dios y a su familia, de parte de Dios, Glorificado sea. Dios perdona todos los pecados, pero no perdona que se Le asocie nada.
Dijo el Enaltecido: {Ciertamente, Dios no perdona que se Le asocie algo, y perdona lo que está por debajo de ello a quien Él quiere. Y quien haya asociado algo a Dios, pues ya ha forjado un pecado enorme}.[22]
La fe en el tagut, recurrir a él para juzgar, auxiliarlo, apoyarse en él, someterse y rendirse a él, todo ello es asociación con Dios y extravío del camino recto de Dios. ¿Y qué mayor extravío? ¿Pensáis que quien niega a Dios o Le asocia algo, aunque ayune y ore, le será aceptada su oración y su ayuno? Las adoraciones fueron establecidas para que el siervo confirme mediante ellas su obediencia a Dios. Si obedece al tagut, que es enemigo de Dios, ¿qué sentido queda entonces para las adoraciones? El instante en que una persona se somete a las órdenes y leyes del tagut es el instante de la negación de Dios y de la salida de Su tutela hacia la tutela del tagut, y del paso de la luz a las tinieblas.
Dijo el Enaltecido: {¿No has visto a los que afirman haber creído en lo que ha descendido sobre ti y en lo que ha descendido antes de ti? Quieren apelar al tagut, y ya se les ha ordenado que descrean de él, y quiere el demonio extraviarlos en una extravío lejano}.[23]
Así, el camino del retorno a Dios y a Su tutela es el mismo camino de la negación del tagut y la salida de su tutela. Ambos son, en realidad, un solo camino: es la senda recta, por la cual las obras son aceptadas, porque son para Dios, el Uno, el Único. Si queremos un retorno verdadero al islam muhammadiano auténtico, debemos creer en todo lo que trajo Muhammad hijo de Abdulá (a). Debemos creer en todo el islam y en todas sus disposiciones, no creer en lo que se ajusta a nuestros deseos y dejar el resto. Debemos mantenernos en el camino trazado por los albaceas de Muhammad (a), ellos son las naves de salvación; quien se adelanta a ellos se desvía, quien se retrasa perece, y quien se mantiene con ellos alcanza.
En cuanto a quienes creen en una parte del Libro y niegan otra, acabarán encontrándose jadeando tras un espejismo en el desierto. Tengamos como ejemplo, como creyentes, a los magos que creyeron en Moisés (a). El ejemplo de aquellos creyentes estaba bastante lejos del camino señorial divino, eran aliados del tagut y se pusieron inicialmente del lado del Faraón —maldígalo Dios— al principio del asunto, para discutir contra Moisés (a). para disputar con Moisés. Pero cuando fueron contra sus propios deseos, se les aclaró la verdad: creyeron en Dios y negaron a Faraón. La luz de la verdad iluminó sus corazones y se disiparon las tinieblas del tagut de sus miradas. Esta vez se pusieron junto a Moisés (a) para combatir por la causa de Dios, enfrentar al Faraón —maldígalo Dios— y mostrar a los hombres su mentira, su vileza y su debilidad.
Dijo el Enaltecido: {Y se arrojaron los magos prosternados. Dijeron: «Hemos creído en el Señor de Aarón y Moisés» * Dijo: «¿La habéis creído antes de que yo os lo permita? Ciertamente, él ha de ser vuestro superior, que os ha enseñado la magia. Así pues, yo he de cortar vuestras manos y vuestros pies opuestos, y he de crucificaros en el tronco de una palmera, y habréis de saber quién de nosotros es más severo en el tormento y más permanente» * Dijeron: «No te antepondremos a ti por sobre lo que nos ha llegado de las evidencias y de Aquel que nos ha originado. Así que, decidas lo que decidas: sólo decides en la vida de este mundo»}.[24]
Ciertamente, estos siervos creyentes tuvieron la Vida Mundanal por algo de la más baja insignificancia ante sus ojos, hasta el punto de que la amenaza del Faraón —maldígalo Dios— de cortarles las manos y los pies y crucificarlos no tuvo efecto alguno en su decisión de seguir la verdad. No prefirieron la vida, pues se les aclaró la realidad de la Vida Mundanal y de este mundo material por el que se abalanzan Faraón, Hamán, Coré y quienes son como ellos. Los magos triunfaron en el examen, superaron el obstáculo y alcanzaron la complacencia de Dios . Bienaventurados ellos, y excelente es su destino final.
Dijo el sacrificado de la familia de Muhammad, Husein (a):
Si la Vida Mundanal se considera una valiosa… la morada de la recompensa de Dios es más elevada y noble
Y si las provisiones son una parte decretada… la poca codicia del hombre por ganarlas es más hermosa
Y si las riquezas están destinadas a ser dejadas… ¿por qué avariciar aquello que se va a abandonar?
Y si los cuerpos han sido para la muerte creados… entonces la muerte del hombre por la espada en Dios es preferible.[25]
Y es propio de nosotros preguntarnos:
¿Acaso no ha llegado el momento de que nuestros corazones se humillen al recuerdo de Dios y nos arrepintamos ante Dios con un arrepentimiento verdadero, para aliarnos con los aliados de Dios y enemistarnos con los enemigos de Dios, hacer del islam nuestra constitución y nuestro camino de vida, del Corán nuestra insignia, y de la palabra «no hay divinidad sino Dios» nuestro refugio y fortaleza?
¿Acaso no ha llegado el momento de decirle al tagut: «decidas lo que decidas: sólo decides en la vida de este mundo»?
¿Acaso no ha llegado el momento de elegir el juicio del islam y rechazar el juicio de la ignorancia?
¿Acaso no ha llegado el momento de que nuestros corazones resplandezcan con la luz de la verdad, para que se disipe de ellos la oscuridad del tagut?
¿Seguiremos en este yermo, en este desierto, jadeando tras un espejismo, cuando la salida está en nuestras manos y el agua está cerca de nosotros?
Dijo el Enaltecido: {Y tú no eres guía de los ciegos de su extravío. No haces oír sino a quien cree en nuestros signos, pues son musulmanes}.[26]
[1] Sagrado Corán – sura Ash-Shura (La consulta), 23.
[2] Véase: Asad al-Gaba de Ibn Al-Azir, vol. 5, pág. 520. Musnad Ahmad, vol. 4, pág. 5. Sahih Al-Bujari, vol. 4, pág. 210. Sahih Muslim, vol. 7, pág. 141. Sunan at-Tirmidi, vol. 5, pág. 360. Fadail as-Sahaba de An-Nisai, pág. 87. As-Sunan al-Kubra de Baihaqi, vol. 10, pág. 210, Al-Istiaab de Ibn Abdulbirr, vol. 4, pág 1895. Dajair al-Aqabai, pág. 43. La historia de Damasco, vol. 42, pág. 134. Al-Isaba, vol. 8, pág. 102. Y otras fuentes de los dos grupos en las que se menciona la virtud recta de Fátima Az-Zahra (con ella sea la paz).
[3] Maymua Az-Zawaid, vol. 7, pág. 216 con diferencias en los términos, pero con el mismo contenido.
[4] Él (a) alude al sangriento suceso de Al-Harra, ocurrido el 28 de Dul Hiÿÿa del año 64 de la Héjira, cuando Yasid permitió durante tres días la profanación de la Ciudad del Mensajero de Dios. En ella se cometieron matanzas y atentados contra el honor que la lengua es incapaz de detallar. Quien desee conocerlos, que acuda a los libros que han descrito minuciosamente aquel episodio. Asimismo, él (a) alude también a lo sucedido el 3 de Rabi al-Awwal del mismo año, cuando el ejército de Yazid asedió la Casa Sagrada de Dios y prendió fuego a la Casa y a la mezquita.
[5] El siervo del Sol es la traducción del nombre del padre de Umaya (Abdu Shams), de quien descienden los omeyas (N. del T.)
[6] Véase Al-Kuna wal Alqab, vol. 1, pág. 346.
[7] Sagrado Corán – sura Ibrahim (Abraham), 15.
[8] Amali del sayed Al-Murtadá, vol. 1, pág. 90.
[9] Sagrado Corán – sura An-Nahl (Las abejas), 36.
[10] Sagrado Corán – sura Al-Ankabut (La araña), 41.
[11] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 60.
[12] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 76.
[13] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 97.
[14] Sagrado Corán – sura Saba (Saba), 32-33.
[15] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 77.
[16] Sagrado Corán – sura Al-Qisas (El relato), 5-6.
[17] Sagrado Corán – sura Al-Anbiya (Los profetas), 105-106.
[18] Sagrado Corán – sura An-Nur (La luz), 55.
[19] Véanse, por ejemplo: Ajbar Ar-Reda (s), vol. 1, pág. 397, Musnad Ahmad, vol. 1, pág. 99, y otros muchos libros de los dos grupos.
[20] Él (a) alude a las palabras del Profeta (s) dirigidas Ÿábir Bin Abdulá Al-Ansarí: «Dijo Ÿábir: «Le dije: “¡oh Mensajero de Dios, ¿acaso sus shiíes se benefician de él en su ocultación?” Y él (s) dijo: “Sí, por Aquel que me ha enviado con la profecía: ciertamente se iluminan con su luz y se benefician de la lealtad a él durante su ocultación, del mismo modo que los hombres se benefician del sol aunque lo cubran las nubes. ¡Oh Ÿábir! Esto pertenece a lo más oculto del secreto de Dios y a lo atesorado de Su ciencia; guárdalo, pues, excepto para su gente”», Kamal id-Din wa Tamam an-Nima, pág. 253.
[21] Sagrado Corán – sura Al-Báqara (La vaca), 256.
[22] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 48.
[23] Sagrado Corán – sura An-Nisá (Las mujeres), 60.
[24] Sagrado Corán – sura Ta Ha (Ta Ha), 70-72.
[25] Versos narrados en Munaqib Al Abu Táleb, vol. 3, pág. 246, Muzir al-Ahsan, pág. 32, Bihar al-Anwar, vol. 44, pág. 374 y otros con leves diferencias.
[26] Sagrado Corán – sura Ar-Rum (Los romanos), 53.
Extracto del libro El yermo o el camino a Dios de Ahmed Alhasan (a)