قال أمير المؤمنين علي ابن ابي طالب ص في وصف المتقين:
إِذَا زُكِّيَ أَحَدٌ مِنْهُمْ خَافَ مِمَّا يُقَالُ لَهُ،… https://t.co/b7XNnS47xP— Ahmed Alhasan – أحمد الحسن (@Ahmedalhasan313) October 31, 2016
Dijo el Comandante de los Creyentes, Alí hijo de Abu Táleb (que las bendiciones de Dios sean sobre él), al describir a los piadosos:
«Cuando uno de ellos es elogiado, teme lo que se dice de él y exclama: “Yo me sé mejor que los demás, y mi Señor me sabe mejor que yo mismo. ¡Oh, Dios, no me tomes por lo que ellos dicen, y hazme mejor de lo que suponen y perdóname lo que no saben!”. Entre las señales de uno de ellos está que ves en él fortaleza en la religión, firmeza en la flexibilidad, fe en la certeza, afán por la ciencia, ciencia en la clemencia, moderación en la riqueza, humildad en la adoración, dignidad en la indigencia, paciencia en la adversidad, búsqueda de lo lícito, ardor en la guía y abstención de la codicia. Realiza las obras rectas mientras está en vilo. Atardece y su preocupación es el agradecimiento, y amanece y su preocupación es el recuerdo. Pernocta cauteloso y amanece alegre: cauteloso ante lo que se le advirtió de la negligencia, y alegre por lo que alcanzó de favor y misericordia. Si su alma se le resiste en lo que ella aborrece, no le concede lo que le pide de lo que ella ama. El deleite de sus ojos está en lo que no perece, y su ascetismo en lo que no permanece. Combina la clemencia con la ciencia y la palabra con la acción. Verás que está cerca su esperanza, que pocos son sus tropiezos, humilde su corazón, contenta su alma, sobria su comida, fácil su trato, resguardada su religión, muertas sus pasiones y contenida su ira. De él se espera el bien y de él se está a salvo del mal. Si se halla entre los negligentes, es contado entre los que recuerdan a Dios; y si se halla entre los que recuerdan a Dios, no es contado entre los negligentes. Perdona a quien le injurió, da a quien le privó y une vínculos con quien los cortó con él. Lejos está de él la obscenidad, suave es su palabra, ausente en él lo reprobable, presente en él lo loable, su bien avanza y su mal retrocede. En los cataclismos es sereno, en las adversidades paciente y en la prosperidad agradecido. No es injusto con quien aborrece ni peca en favor de quien ama. Reconoce la verdad antes de que se le atestigüe en su contra. No descuida lo que se le confió, no olvida lo que se le recordó, no zahiere con apelativos, no perjudica al vecino, no se regodea ante las desgracias, no entra en la falsedad ni sale de la verdad. Si calla, su silencio no le angustia; si ríe, no eleva la voz; y si se le agravia, aguarda hasta que sea Dios quien tome venganza por él. Su alma está en fatiga por su parte, y la gente está en reposo por su parte. Fatiga su alma por su última vida y da reposo a la gente de sí mismo. Su alejamiento de quien se aleja de él es ascetismo y pureza, y su proximidad a quien se acerca a él es dulzura y misericordia. No se aleja por soberbia ni altivez, ni se aproxima por astucia ni engaño».