• Categoría de la entrada:La ilusión del ateísmo
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«Prácticamente todos los evolucionistas rechazarían el aceleracionismo constante, y Darwin ciertamente lo hubiera hecho. Todo aquel que no es un aceleracionista (progresista) constante, es un aceleracionista variable.

Dentro de los aceleracionismos variables, podemos distinguir dos tipos de creencias, denominadas “aceleracionismo variable discontinuo o discreto” y “aceleracionismo variable continuo”. Un “discretista” extremo no sólo cree que varía la velocidad de la evolución. Piensa que la evolución da grandes saltos de un nivel discreto a otro, de una manera abrupta, como la caja de cambios de un coche. Podría creer, por ejemplo, que la evolución tiene sólo dos velocidades: muy rápido y parado (no puedo evitar recordar aquí mi primer informe escolar, escrito por la maestra sobre mi rendimiento de niño de siete años doblando la ropa, tomando baños fríos, y otras acciones rutinarias diarias de la vida escolar: “Dawkins tiene sólo tres velocidades: lento, muy lento y parado”). La evolución “parada” es el “éxtasis” que los interrupcionistas piensan que caracteriza a las grandes poblaciones. La evolución a toda marcha sería la evolución que transcurre durante la especiación, en pequeñas poblaciones aisladas, alrededor de los límites de las grandes poblaciones estáticas, desde un punto de vista evolutivo. De acuerdo con este punto de vista, la evolución estaría siempre en una de estas dos marchas, nunca en medio. Eldredge y Gould muestran una tendencia en dirección del discontinuismo, y en este aspecto son genuinamente radicales. Se les puede llamar “aceleracionistas variables discontinuos”. No existe una razón particular por la que un aceleracionista variable discontinuo debiera, necesariamente, subrayar la especiación como el tiempo que dura la evolución a toda marcha. En la práctica, sin embargo, la mayoría de ellos lo hacen.

Los “aceleracionistas variables continuos”, por otra parte, creen que el ritmo evolutivo fluctúa constantemente, desde muy rápido a muy lento, y parado, con todos sus estadios intermedios. No ven ninguna razón particular para destacar algunas velocidades sobre otras. Para ellos, los períodos estáticos, en particular, son un caso de evolución ultra lenta. Para un interrupcionista hay algo especial en los períodos estáticos. Para él, los períodos estáticos no significan que la evolución sea tan lenta que tenga un ritmo de cero: no son simplemente una falta pasiva de evolución porque no hay ninguna fuerza de empuje a favor del cambio. Representan, más bien, una resistencia positiva a los cambios evolutivos. Es casi como si se pensase que las especies se plantearan tomar medidas activas para no evolucionar, a pesar de la fuerza de empuje en favor de la evolución.

Hay más biólogos de acuerdo con los periodos estáticos como fenómeno real que sobre sus causas».[1]

No nos interesan aquí los detalles de las doctrinas de los evolucionistas o sus desacuerdos sobre los mecanismos de la evolución y el comportamiento de las especies en la evolución, sino que he citado las palabras anteriores para explicar una cuestión científica en la que coinciden casi todos los biólogos especializados en la evolución, y es que la velocidad de la evolución es inestable, pues ha habido etapas en las que la evolución ha sido rápida y ha habido etapas en las que la evolución ha sido lenta. Este cambio en la velocidad de la evolución puede explicar la problemática de la falta de registros geológicos entre los científicos de la evolución; porque un movimiento muy rápido de la evolución según estándares de la evolución en un determinado período de tiempo explica la inexistencia de fósiles de transición que el investigador esperaría encontrar, ya que el breve período de tiempo que vivieron y en el que existieron estos organismos transicionales según la escala geológica, hace difícil obtener fósiles transicionales de éste. Pero al mismo tiempo esto nos da una evidencia clara de la legislación del mapa genético, pues sin duda esta velocidad cambiante está controlada en gran medida por la mutación genética y esto significa definitivamente que la velocidad de la mutación cambia durante la marcha de la evolución, acelerándose y apresurándose en determinados períodos. Podemos notar que estos son precisamente los períodos transicionales entre las especies o períodos de especiación, y esto genera un gran signo de interrogación para el cual el investigador de la evolución no encuentra ninguna respuesta lógica.

Su explicación lógica es que los cromosomas están controlados por una ley que determina la velocidad de su mutación, es decir que el mapa genético está legislado. Por esto produce una gran cantidad de mutaciones con una dirección específica en un determinado período de tiempo, de modo que empuja durante la marcha de la evolución acelerándola y haciéndola marchar muy rápidamente hasta que alcanza un objetivo específico en un determinado período de tiempo de la evolución, podríamos decir: una especie o unas especies nuevas. Luego la velocidad de la mutación vuelve a la calma o a una velocidad muy lenta y con ella la evolución, puesto que depende de ella, ya que sin mutación genética no hay evolución.

Además, cuando encontramos que la velocidad de la evolución de un determinado órgano aumenta en una determinada etapa y su aumento es para mejorar notablemente, significa que la velocidad de la mutación también aumenta en esa etapa en gran medida con su orientación hacia la mejora. Esto es natural, porque ofrece muchas opciones para acelerar la evolución hacia lo que es mejor. Entonces si tomamos como ejemplo la marcha de la evolución del cerebro actual del ser humano, encontramos que su evolución durante los últimos millones de años se acelera en gran medida hacia un aumento del tamaño. Un aumento del tamaño del cerebro representa una evolución beneficiosa para el cuerpo, aún más, es el resultado de mejora más importante de toda la evolución. La única explicación lógica del gran aumento de la velocidad de la mutación hacia un aumento del tamaño del cerebro del ser humano en los últimos millones de años es que la mutación está legislada y tiene un objetivo, y depende en gran medida de la ley interna del mapa genético que no es completamente aleatoria ni depende solamente de causas aleatorias, como el error en la replicación genética y el bombardeo radiactivo cósmico.

«uno de los cambios evolutivos más rápidos conocidos, el aumento de tamaño del cráneo humano desde un antepasado como el Australopitecus, con un volumen craneal de unos 500 centímetros cúbicos (cm3), hasta el volumen cerebral medio del Homo sapiens moderno, de cerca de 1.400 cm3. Este incremento de unos 900 cm3, casi tres veces el volumen cerebral, se ha conseguido en menos de tres millones de años. Para estándares evolutivos, este es un ritmo rápido de cambio: parece que el cerebro se hincha como un balón; visto desde algunos ángulos, el cráneo humano moderno se parece bastante a un balón esférico, con forma de bulbo, en comparación con los cráneos planos, y las caras inclinadas de los Australopitecus».[2]

«Podemos distinguir, con seguridad, tendencias de cambio a largo plazo: las piernas se hacen progresivamente más largas, los cráneos adquieren forma de bulbo, etc., pero estas tendencias vistas en la historia de los fósiles son normalmente desiguales, no uniformes»[3]

«Los paleontólogos americanos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould, cuando propusieron su teoría de los equilibrios interrumpidos, en 1972, hicieron algo que se ha presentado desde entonces como una sugerencia muy diferente. Sugirieron que, en realidad, el registro de fósiles puede que no sea tan imperfecto como pensamos. Puede que los “intervalos” (gaps) reflejen lo que sucedió en realidad, en lugar de ser las consecuencias fastidiosas, pero inevitables, de un registro de fósiles imperfecto. Puede ser, sugirieron, que la evolución avanzase en cierto sentido mediante explosiones súbitas, interrumpiendo largos períodos de “éxtasis”, durante los cuales no habría tenido lugar ningún cambio evolutivo en una descendencia determinada».[4]

Además, cabe mencionar aquí que si la mutación genética que ofrece la diferenciación necesaria para la evolución dependiera solamente del error involuntario de la replicación genética,[5] de la mutación provocada por el bombardeo radiactivo sobre los cromosomas y de cosas como estas que pueden decirse aleatorias y sin ley, entonces no tendría sentido que se detenga completamente el efecto de la mutación genética de modo que un animal o un pez —como los peces celacantos de latimeria— sobreviva sin evolucionar ni cambiar durante cientos de millones de años, a pesar de que sabemos con certeza que el medio ambiente cambia constantemente y que a veces los cambios son muy extremos, como el cambio que ocurrió hace casi 65 millones de años que condujo a la extinción de los dinosaurios y la mayor parte de los organismos sobre la Tierra. El error en la replicación y la mutación como resultado de la radiación son posibles siempre mientras haya reproducción y replicación, y mientras haya radiación cósmica que bombardee constantemente, entonces ¡¿qué fue lo que ocurrió que la evolución se congeló en estos organismos?!

Este extraño fenómeno como el del pez latimeria o el cangrejo herradura, del nautilus, o incluso de la tortuga caimán, es explicado por los puntualistas (doctrina evolucionista) como un resultado de la resistencia de los organismos a la evolución. Dawkins, que tal vez no acepte la doctrina puntualista, lo explica como un resultado de la concordancia de un conjunto de genes que no aceptan la entrada de genes nuevos dentro del acervo activo. En ambos casos, esto significa que hay algo en el mapa genético que hizo que la evolución se asentara en un estado de quietud como en este caso extremo del pez latimeria. Podemos llamarla ley interna del mapa genético que controla al plan. Es la que lo hace, en muchos casos, marchar en una dirección o en otra, y es la que lo hace detenerse, en algunos casos, en un estado completo de quietud durante un período muy largo que no guarda proporción incluso con los estándares más lentos de la evolución.[6]

Los genes son básicamente información escrita en un lenguaje determinado de los cromosomas. La existencia de leyes que los controlan, como la ley que asume el profesor Dawkins, implica que tienen un legislador que es el que elaboró las leyes de su función. Así pues, si avanzara en una dirección, puede que se detenga, desde cierta perspectiva, en un punto determinado, mientras que si avanzara en otra dirección no se detendría en este punto, como está evidentemente claro en el ojo del nautilus, que básicamente es un orificio abierto con células sensoriales, es decir que tiene un ojo evolucionado, pero sin lente, mientras que otros parientes como el pulpo, tienen un ojo excelente altamente evolucionado con una lente.

Ilustración 13: Etapas de la evolución y el aumento de la complejidad en la estructura del ojo a través del análisis de imágenes del ojo del pulpo, el nautilus, y otros

Fuente:[7] Encyclopædia Britannica – Enciclopedia Británica

Ilustración 14: Comparación entre los ojos de varios organismos en grados de evolución y complejidad

Fuente:[8] Reece and al., Campbell biology: concepts & connections

[1] Fuente: Dawkins, El relojero ciego, pág. 245-46.

[2] Fuente: Dawkins, El relojero ciego, pág. 228-29.

[3] Fuente: Dawkins, El relojero ciego, pág. 229.

[4] Misma fuente.

[5] Por supuesto que hay un cambio genético que ocurre como resultado de la replicación del ADN necesaria para la reproducción y la herencia. Puede decirse que este cambio está previsto, es decir, que el plan genético está legislado y que a veces la mutación de los genes controla su ley y no el azar, puede decirse que es un cambio imprevisto, es decir, el resultado de un error en la replicación genética, y puede decirse que una parte está prevista y que otra es imprevista, así pues aquí hay tres hipótesis, y no puede afirmarse científicamente que todas las mutaciones que ocurren durante la replicación sean mutaciones aleatorias debido a un error en la replicación o algo parecido.

[6] Con una velocidad lenta de evolución un animal del tamaño de un ratón no necesita más de sesenta mil años para alcanzar el tamaño de un elefante, sin embargo, en los hechos toma por lo menos decenas de millones de años. Esto significa que la marcha de la evolución o bien avanza muy lentamente y a una velocidad constante, o bien hay estados de quietud por los cuales atraviesa la evolución entre un período y otro. Sobre esta base se han formulado teorías para explicar esta lentitud, ya sea por la variación en la velocidad o por la quietud y el movimiento en la evolución. «Stebbins calcula que, con este supuesto ritmo, los animales tardarían unas 12.000 generaciones en evolucionar desde un peso medio de 40 gramos (tamaño de un ratón) hasta un peso medio de más de 6.000.000 de gramos (tamaño de un elefante). Asumiendo un tiempo de cinco años para cada generación, más largo que el de un ratón, pero más corto que el de un elefante, 12.000 generaciones ocuparían unos 60.000 años. Es un período demasiado corto para ser medido por los métodos geológicos ordinarios, los que localizan las fechas de la historia de los fósiles. Como dice Stebbins: “El origen de un nuevo tipo de animal en 100.000 años, o menos, es contemplado por los paleontólogos como ‘súbito’ o ‘instantáneo’”». – El relojero ciego: pág. 242.

[7] Disponible en: https://www.britannica.com/bps/media-view/74661/0/0/0

[8] Fuente: Reece J, Taylor M, Simon E and Dickey J. 2009. Campbell biology: concepts & connections. Pearson higher ed. 6th edition. Chapter 15:12. Available at:

http://wps.pearsoncustom.com/wps/media/objects/5697/5834441/ebook/htm/chp15_12.htm


Extracto del libro La ilusión del ateísmo de Ahmed Alhasan (a)