• Categoría de la entrada:La ilusión del ateísmo
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El Dr. Dawkins dijo:

«Comprendamos qué se proponen nuestros genes egoístas, pues entonces tendremos al menos la oportunidad de modificar sus designios, algo a que ninguna otra especie ha aspirado jamás».[1]

De hecho, una persona imparcial debería decir que nosotros, como especie humana, realmente hemos desbaratado el egoísmo de los genes, pues las elevadas normas éticas o el altruismo verdadero que difundieron los profetas de Dios y sus mensajeros, y que las religiones divinas han traído, ha desintegrado este egoísmo. Porque este egoísmo genético dice: mi hijo es mejor que el hijo de mi hermano, mi hermano es mejor que el hijo de mi tío, mi tío es mejor que el extraño, el hijo de mi ciudad es mejor que el hijo de otra ciudad, el hijo de mi país es mejor que el hijo de otro país, el hijo de mi etnia es mejor que el hijo de otra etnia y mi país es mejor que el país vecino. En cuanto a los profetas y a las religiones, pues han traído la bondad y el altruismo para con el extraño por encima de uno mismo y los hijos, y esta moral altruista prevaleció entre las personas. Me referiré únicamente a un famoso relato histórico del islam con el que descendió Corán, que es la historia de los mismos dueños del mensaje del islam, la familia de Muhammad (las salutaciones de Dios sean con él y su familia), el profeta del islam. Esta es la historia de Alí, de Fátima, la hija de Muhammad (las salutaciones de Dios sean con él y su familia) y de sus hijos pequeños, hambrientos después de haber dado su comida a los pobres, {Y dan alimento, a pesar de su amor por él, al necesitado, al huérfano, al prisionero * Ciertamente, os alimentamos por el rostro de Dios. No queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento}.[2]

La sura del hombre cuenta la historia del ser humano verdadero que triunfó sobre su animalidad y que vino a salvar a los demás de su animalidad genética egoísta. No buscaba con este altruismo ninguna reputación porque era en secreto. Ellos para empezar lo ocultaban y no lo divulgaban, ni buscaban con eso algún provecho recíproco, pues daban y no tomaban nada. Para ellos dar no era fácil porque para Alí y Fátima (con ambos sea la paz) era un riesgo para la vida de sus niños.

Gracias a ellos y a quienes son como ellos, los profetas de Dios y sus mensajeros, tenemos hoy personas, grupos y hasta países que privilegian a extraños por encima de sí mismos, aunque fuera poco lo que les afecte en su situación. Tal vez en algunos casos haya algunos propósitos detrás de dar, pero en general, es un paso en la dirección correcta que ha llegado hasta nosotros gracias a aquellos grandes, pues ellos son los ejemplos altruistas más altos de los cuales aprendió la humanidad.

Hoy tenemos verdaderas victorias sobre el egoísmo genético, pero todas se basan sobre los esfuerzos de aquellos grandes profetas de Dios, mensajeros que dieron el mayor ejemplo de altruismo verdadero para salvar a la humanidad de su animalidad.

Creo que lo que hicieron Alí y Fátima (con ambos sea la paz) amerita que los biólogos evolutivos o los biólogos sociales ateos revisen sus cálculos por lo menos. Que los observen diagnosticando esta patología egoísta genética y prescribiendo la cura más de mil años antes de que los biólogos evolutivos lo diagnosticaran.

[De Ibn Abbas, que dijo: sobre lo que dijo el Altísimo: {Fueron leales a sus promesas temiendo un día cuyo mal se extenderá * Y dan alimento, a pesar de su amor por él, al necesitado, al huérfano, al prisionero}. Dijo: Hasan y Husein se habían enfermado y su abuelo, el mensajero de Dios (las salutaciones de Dios sean con él y la bendición) los visitó. Y los visitaron los árabes que dijeron: oh padre de Hasan, ¿y si haces una promesa por tus hijos? Entonces Alí dijo: si se recuperan de lo que tienen ayunaré para Dios, Glorioso y Poderoso, tres días como agradecimiento. Y Fátima dijo lo mismo, y una criada llamada Fida Nubaya dijo: si mis señores se recuperan ayunaré para Dios, Glorioso y Poderoso, como agradecimiento. Los dos muchachos recobraron la salud y la familia de Muhammad no tenía ni demasiado poco ni mucho. Entonces Alí partió hacia lo de Simón Al-Jaibari, le pidió prestadas tres medidas de cebada y volvió. Entonces Fátima tomó una medida, la molió y la horneó. Alí rezaba con el mensajero de Dios, las salutaciones de Dios sean con él y su bendición. Luego regresó a la casa y la comida estaba servida frente a él, cuando llegó un necesitado, se paró en la puerta y dijo: la paz sea con vosotros, gente de la casa de Muhammad, soy pobre, de los hijos musulmanes, dadme de comer, que Dios, Glorioso y Poderoso, os dé de comer en las mesas del Paraíso. Entonces Alí lo escuchó y les ordenó darle comida, y se quedaron el día y la noche sin probar más que agua. Entonces llegó el segundo día, Fátima tomó una medida y la horneó, mientras Alí rezaba con el profeta, las salutaciones de Dios sean con él y la bendición. Puso la comida frente a él cuando llegó un huérfano, se paró en la puerta y dijo: la paz sea con vosotros gente de la casa de Muhammad, soy huérfano, de los hijos inmigrantes, mis padres han sido martirizados, dadme de comer. Entonces le dieron comida y se quedaron dos días sin probar nada más que agua. Cuando llegó el tercer día Fátima tomó la medida que quedaba, la molió y la horneó, mientras Alí rezaba con el profeta, las salutaciones de Dios sean con él y la bendición. Puso la comida frente a él cuando llegó un prisionero que se paró en la puerta y dijo: la paz sea con vosotros gente de la casa de la profecía, vosotros nos tomáis prisioneros, sois severos con nosotros y no nos alimentáis. Dadme de comer, pues soy un prisionero. Entonces le dieron y se quedaron tres días con sus noches sin probar nada más que agua. Entonces llegó el Mensajero de Dios, las salutaciones de Dios sean con él y la bendición, y vio el hambre que estaban pasando. Entonces Dios Altísimo hizo descender: {¿acaso ha llegado al hombre un período de tiempo} hasta donde dice: {no queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento}].[3]

[1] Fuente: Richard Dawkins, El gen egoísta, pág. 13.

[2] Sagrado Corán, sura «Al-Insan» (El hombre), 8-9.

[3] Fuente: Ibn Al-Azir, Asad al-gaba, vol. 5, págs. 530-531. Esta narración histórica fue narrada en más de una versión, por sunníes y shiíes. Ha sido narrada por Al-Hakim Al-Haskani en Shawahid At-Tanzil (Testimonios de la revelación), por Al-Baidawi, por Abu As-Saud y por Fajar Al-Din Ar-Razi en sus interpretaciones. Fue narrada por Muymila Alí Bin Ibrahim en su interpretación: vol. 2, pág. 398, y fue narrada por el Jeque As-Saduq en Amali: pág. 257.


Extracto del libro La ilusión del ateísmo de Ahmed Alhasan (a)