• Categoría de la entrada:La ilusión del ateísmo
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Incluye la evidencia de la legislación: pues la existencia de leyes en un efecto indica que su causa es legisladora. Por consiguiente, indica una causa sabia y esto es lo que queríamos demostrar.

Incluye la evidencia de la organización: pues la existencia de los sistemas en el efecto indica que su causa es organizadora. Por consiguiente, indica una causa sabia y esto es lo que queríamos demostrar.

Incluye la evidencia del propósito: pues la existencia de un propósito en el efecto indica que su causa tiene un propósito. Por consiguiente, indica una causa sabia y esto es lo que queríamos demostrar.

Incluye la evidencia de la sabiduría: pues que el efecto, ya sea de palabra o acción, se caracterice por la sabiduría indica que su causa es juiciosa y sabia. Y esto es lo que queríamos demostrar.

En resumen, la conclusión es:

Cuando vemos algo organizado sabemos que su causa es sabia, capaz de organizar. Por consiguiente, se demuestra la existencia de una causa organizadora y sabia. Cuando vemos una palabra o una acción caracterizada por la sabiduría, sabemos que proviene de alguien sabio y por consiguiente queda demostrada la existencia de una causa sabia. Por ejemplo: cuando vemos un grupo de árboles frutales plantados de forma organizada juzgamos que quien los plantó fue un organizador con un propósito, y, por consiguiente, juzgamos que es sabio y consciente por lo que hizo, entonces decimos: que es un ser humano, por ejemplo. Cuando vemos un bosque con un grupo de árboles al azar y desorganizados la aleatoriedad de los árboles nos indica que el ser humano no los plantó.

Esta evidencia por lo general, puede aplicarse un poco dentro de los límites de la vida terrestre y sus ejemplos son muchos, especialmente con respecto a los seres humanos, considerados por tener características especiales que indican que su causa original es sabia y capaz de organizar con un propósito. Puede ser que esta evidencia tenga alguna relación con la teoría de la evolución.


Extracto del libro La ilusión del ateísmo de Ahmed Alhasan (a)